LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CEREBROS

Editorial Amarante

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EL PROFESOR DELGADO

En general hay dos tipos de escritores, los que observan el mundo que les rodea y lo cuentan, y los que se observan a sí mismos y lo cuentan. Estos últimos acaban por repetirse. Entre los primeros, los tecnoescritores de los años ochenta y noventa resultan fascinantes.

Larry Collins y su novela “Laberinto” nos adentra en el mundo extraño y oscuro del control mental y las conspiraciones.

En el año 1965, un científico español, José Rodríguez Delgado, saltó a la fama mediante un experimento que se filmó y pudo verse, al menos en España, a través del famoso NODO que precedía a la proyección de cualquier película. El profesor, armado de una muleta y un pequeño transmisor de radio, aguantaba a pie firme la embestida de un toro que además de cuernos, asomaba en su testuz, una suerte de antena metálica incrustada en su cerebro. Varias veces, el animal, siguiendo su instinto natural, arremetía contra la figura larguirucha del científico y otras tantas, en el último momento, frenaba su acometida cuando Delgado accionaba el mando a distancia. Control mental en estado puro.

Se atribuye a Delgado el invento de los denominados estimoreceptores, un juego de electrodos que una vez incrustados en diversas partes del cerebro, sobre todo la amígdala, podían activarse a distancia mediante ondas de radio y de esta forma controlaban reacciones emocionales profundas.

En youtube pueden verse fotografías y algún documental que ficciona la actividad del profesor  y sus colaboradores. Una mujer con un casco por el que asoman las pequeñas antenas pasa sin solución de continuidad, del amor entregado hacia el experimentador a un acceso de ira que amenaza con herirle, respondiendo a la señal que desde el otro lado del cristal le envía el actor que representa al científico español.

Fue profesor de la universidad de Yale y volvió  a España en los años finales del franquismo invitado  por el gobierno. Objetivamente se trata de uno de los más grandes investigadores del siglo XX, pero no fue muy valorado en la propia comunidad científica y mucho menos en España. Si en vez del transmisor que detenía la arremetida del toro hubiera creado una escuela de cocina basada en el estofado bovino a las finas hierbas quizá habría tenido un mayor recorrido y reconocimiento. Aquí somos  así. Por supuesto que sus experimentos eran brutales. Abrir el cráneo de chimpancés, gibones, gatos y demás animales para introducir finas agujas en el cerebro es en sí mismo, un acto de violencia extrema .Pero nuestros delicados gourmets que tienen la costumbre de licuarse en zalamerías  a la vista de las creaciones culinarias de  acreditados chefs, deberían acordarse de que los restos mortales del animal que se van a comer, son porciones violentamente arrancadas de seres vivos cuyo paso y destino final sobre el planeta Tierra ha sido también extremadamente cruel.

En todo caso, su nombre quedó asociado al control mental y al baldón que él nunca reconoció claramente, de haber colaborado con la CIA en plena guerra fría.

En una estancia en la isla de Hall en las Bermudas, introdujo sus estimoreceptores en un grupo numeroso de gibones a los que podía controlar a kilómetros de distancia. Indujo en estos animales, una rebelión de los más jóvenes contra el macho alfa, lo que generó, aunque esto no se dice, extraordinarias posibilidades, siquiera teóricas, en el hipotético departamento de cualquier teórico servicio secreto, para una de las más reputadas actividades de toda central de inteligencia que se precie, el acoso y derribo de gobiernos poco colaboradores. Recuérdense las recientes revoluciones que nos iban a traer la primavera árabe. También la más que extraña revolución en Ucrania que ha degenerado en una guerra salvaje de más que preocupantes consecuencias futuras.

Como todo avance científico, las investigaciones del profesor Delgado, tienen también su parte positiva, El implante de electrodos en partes del cerebro dañadas que son responsables de ataques epilépticos, Parkinson, obsesiones compulsivas, y otras patologías están ayudando a muchos pacientes a sobrellevar estas enfermedades.

Pero lo más inquietante, lo que de verdad estremece, es una afirmación que se le atribuye y que no le granjeó demasiadas simpatías en el mundo científico y cultural de su tiempo. “Los humanos pueden ser controlados como robots; mediante botones.”

La discusión que se suscita a continuación es la que una y otra vez se da en los hogares españoles y probablemente de todo el mundo.

¡¿Quién coño tiene el mando?!

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