CINCUENTA SOMBRAS DE GREY

Editorial Amarante

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SOMBRAS DE PELÍCULA

Antes de continuar con la serie de artículos sobre conspiraciones y control mental, asalta las salas de cine esta película basada en la famosa novela de E.L. James.

Con la pretensión más o menos fundada de ser escritor y habiendo publicado mi primera novela, siempre me ha intrigado el secreto de los “best seller”. Después de todo cualquier escritor o pretendiente a serlo, como es mi caso, lo que busca, más que ser un superventas es ser leído, y es evidente que algunos novelistas parecen haber dado con la clave.

Leí, en su momento, “El código Da Vinci”. La lectura es sencilla, y atrapa desde el primer momento, sugiere un tremendo secreto, sólo al alcance de unos pocos y el profesor norteamericano, (el auténtico protagonista. Los escritores norteamericanos siempre tiran para casa), especialista en simbología, carrera de la que yo nunca había oído hablar, promete descubrirnos las claves ocultas que nos conducirán a la luminosa verdad que algunos grupos fanáticos (el Opus Dei), pretenden ocultar. Como digo la lectura es ágil y la trama interesa desde el principio, sin embargo, el final es, al menos para mí, decepcionante. Que Jesús de Nazaret tuviera un hijo con María Magdalena, es, a la luz de los textos históricos con que contamos, una fantasía. En este sentido, el Código Da Vinci, lo entiendo yo como un ataque a la Iglesia Católica que al menos hasta el momento presente, ha sostenido que el Cristo de los evangelios, era el propio Dios hecho hombre.

Pero al margen de estas cuestiones de fe y de falta de ella, el secreto del éxito de ventas de Dan Brown, está en lo que yo, y esto es sólo mi opinión, llegué en su momento a identificar con un sistema o regla pautada que debe, en principio, conducir a la venta de miles de ejemplares.

Yo lo bauticé como el esquema de la búsqueda del tesoro. Cuando yo era estudiante los profesores del colegio en el que estaba interno, organizaron un juego. Formamos grupos de cinco jugadores y salimos al exterior del colegio en busca de pistas que estaban escondidas en lugares a los que nos conducían las pistas anteriores. Así, debajo de un árbol determinado, se encontraba un sobre en el que un mensaje en clave que había que descifrar nos conducía hasta, por ejemplo, una fuente en el pueblo cercano y desde allí hasta otro lugar, etc. El grupo que antes y con exactitud descubría los mensajes ocultos llegaba en primer lugar y se hacía con el tesoro. Proclamación de vencedores, reparto de premios, etc. concluían una jornada entretenida.

Si analizamos, por ejemplo, uno de los grandes éxitos de taquilla de la historia del cine. “En busca del Arca perdida”, sigue estos pasos que una y otra vez repiten películas y novelas de éxito. “La cena secreta” de Javier Sierra. “Ángeles y Demonios”, “Inferno”, de Brown, ” “El último Catón” de Matilde Asensi, etc. Todas son novelas que se han vendido por cientos de miles. Luego está, por supuesto, el trabajo de documentación, la habilidad, el genio de los escritores para componer un relato absorbente que hace que la novela se lea casi de un tirón.

“Cincuenta sombras de Grey”, responde a otro sistema de composición literaria que, al menos, “a priori”, garantiza el éxito. Intenté leerla, pero después de cuarenta o cincuenta páginas no pude continuar. Esto no quiere decir que sea una mala novela, sólo que no es el tipo de relato que a mí me gusta. Mi intención, tengo que confesarlo, era llegar a la parte morbosa, pero soy incapaz de saltarme el orden de lectura. Primer capítulo, segundo, etc, lo que finalmente me obligó a renunciar.

No obstante seguía intrigado por el extraordinario éxito de esta novela. “Gigantesca campaña de marketing”, decían algunos, pero al final es el lector el que decide si una novela le interesa o no. Por supuesto, la publicidad es fundamental. No puede comprarse aquello que no se sabe que existe, pero creo que lo que subyace, lo que atrae en esta novela, es otra cosa. Como no fui capaz de leerla, me dediqué a navegar por internet en busca de reseñas y opiniones de lectores y críticos hasta llegar a hacerme una idea que es la que expongo a continuación.

En primer lugar se trata, eso es evidente, de una novela escrita por una mujer y dirigida a mujeres, absolutamente femenina. Es también una novela romántica, de amor, de entrega. Y es, por encima de todo, un cuento, es decir, el cuento tradicional que responde a los más profundos deseos de las jóvenes, de las mujeres de siempre. Es el cuento de “La Cenicienta” del siglo XXI.

En el fondo, la mujer corriente, la joven de nuestro tiempo, sigue soñando como siempre ha sido con el príncipe azul, más en estos tiempos en que las monarquías se han abierto a matrimonios aparentemente más amorosos y menos  clasistas . Problema principal. Los príncipes azules, están todos pillados. El inglés se ha casado con Kate, el español con Leticia, el holandés o el danés, no estoy seguro, con Mette Marit, y también está en la lista la simpática Máxima Zorreguieta que creo que está casada con el holandés, lo que dejaría a la singular Mette Marit para el danés.

En fin, sea como sea, estos príncipes han caído ya en manos de esas chicas tan resultonas y están fuera del mercado. Se impone pues, la búsqueda de otro tipo de príncipe, el triunfador. Aquí, la autora, parece haber llegado a la conclusión de que este individuo, debe ser un tipo especial de hombre. Alguien que está en la cúspide de los negocios del siglo XXI, debe ser, por lógica deducción, un “killer” de los negocios, un matador, un individuo capaz de destruir la vida de miles de trabajadores a los que envía al paro sin pestañear, tiene por fuerza que tener un lado bastante oscuro.

Si en “Pretty Woman”, otra versión del mismo cuento, Julia Roberts reconvertía con su simpatía al tiburón de los negocios, Richard Gere, en un ser humano más presentable, la Anastasia de de las sombras, parece concluir que semejante transformación o es imposible, o es indeseable. El triunfo necesita de la personalidad psicopática, sin escrúpulos de conciencia, por lo que será mejor no intentar cambiar la naturaleza perversa, pero tan útil y necesaria del señor Grey.

El mensaje implícito es el siguiente. (Bueno, yo, la moderna cenicienta, no soy tonta, sé cuáles son las negras fantasías con las que sueña el personaje que busco. Le dejaré, al menos al principio, que me dé unos azotes, que me ate y se divierta. Seré un objeto de placer a cambio de que me pasee en su helicóptero y me muestre desde las alturas la extensión inacabable de su reino terrenal. Todo esto puede ser mio si me someto a sus caprichos, luego, con el tiempoo conseguiré salvalrle de sus tormentos interiores y someterle a la fuerza de mi cariño sincero). Y, supongo yo, que la autora conduce su artefacto literario por estos caminos, peligrosos, muy peligrosos, en mi opinión, hasta llegar al desenlace, que no conozco, pero supongo.

El señor Grey, acaba siendo engullido, dulcificado, salvado de sus vicios perversos por el amor de la nueva “Cenicienta” y ya, una vez educado, no necesitará él ni tendrá que soportar ella, la ración de golpes y sevicias en que se basa esta peculiar historia de amor.

Como digo, el asunto me parece peligroso, y creo que las jovencitas y jovencitos que leen esta historia y van a ver esta película, deben tener cuidado. Tipos como el señor Grey, tan ricos y poderosos, son tan escasos como los príncipes azules, personajes que se creen el señor Grey, sin serlo, los hay a montones. El tipo de juegos sexuales que se proponen en la novela no son tan inocentes y esa tendencia al sadismo puede acabar como otras adicciones, requiriendo dosis cada vez más elevadas de descarga de endorfinas cerebrales para conseguir la misma satisfacción.

Y luego está también, esa convicción, tantas veces advertida a los enamorados, como aviso a navegantes, con la que muchas mujeres y hombres comienzan sus relaciones serias de pareja. Creen ellas, que con el tiempo van a conseguir que ellos cambien, y creen ellos que el tiempo no las va a cambiar.

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