EURO, ALEMANIA, EL CASO IRIZAR 1

Editorial AmaranteMUJER DEL CUADRO PORTADA 001 OTAEGUI

EL EURO, ALEMANIA Y EL CASO IRIZAR

¿Existe el crimen perfecto? Esta es la pregunta que todos los que somos aficionados a la novela negra nos hacemos una y otra vez.

Yo creo que sí. Al menos en la medida en que el ser humano, por su propia y limitada condición, es capaz de alcanzar la perfección. El crimen es perfecto cuando el culpable no va a pagar nunca por su acción. Y eso ocurre en el momento en que el sistema se equivoca y acaba deteniendo y condenando a un inocente. El inocente  sentenciado significa caso cerrado. Se acabó.

El avance científico en las pruebas de ADN ha permitido que muchos falsos culpables, después de penar durante largos años por algo que no hicieron, pudieran ser rehabilitados y abandonaran la prisión. Durante ese tiempo los auténticos criminales permanecieron a resguardo, en algunos casos convirtiéndose en ciudadanos respetables  integrados en las comunidades en las que se cobijaron y en otros continuando con sus vidas en el entorno social al que pertenecían, sin que nadie sospechara de ellos.

Léase, si alguien quiere enterarse de cómo funciona el sistema en algunas ocasiones,  el desasosegante relato,  «El proyecto Williamson» de John Grisham.

Culpar al euro y a Alemania del actual colapso me parece a mí que es señalar un falso culpable y ésto, puede deberse a un error, como cuando se detiene a un inocente en el convencimiento de su culpabilidad. O, quizá, por el contrario,  se deba a que los auténticos causantes y beneficiarios de la crisis actual, estén, mediante su  inmenso poder y a través de sus corifeos y apologetas, aventando la humareda y ocultando lo que, creo yo,  está bastante a la vista.

A este respecto, leí ayer en «Libertad digital», el artículo de un reputado catedrático en economía, conocido por sus ideas socialistas, titulado, «Por qué el euro nos empobrece». Según dice, el euro es el causante de la desindustrialización española. Antes del euro el 27% del empleo  en España estaba en el sector  fabril.

El país, sostiene, se está desindustrializando a marchas forzadas por pertenecer al euro. Hoy, en otro de sus artículos, arremete contra los autónomos y PYMES españolas y llega a la conclusión de que con empresas de pequeño tamaño nunca se generará suficiente empleo. Alemania, por el contrario, sólo tiene grandes empresas que además se fundaron, algunas de las más relevantes, en el siglo XIX. Ejemplos, BASF, KURPS, MERCEDES (en 1901), etc. Grandes y tradicionales factorías que echan por tierra el mito de la innovación y el emprendimiento que preconiza el actual gobierno como remedio a la situación que padecemos.

En definitiva, insiste una y otra vez en que la causa última de la crisis y por lo tanto la solución la tiene Alemania, nación a la que beneficia el euro, y que debería incrementar sus políticas de gasto para así favorecer  a los países periféricos.

Yo recuerdo otra historia. Lo he explicado en varios posts anteriores, pero lo repito una vez más, porque  si no entendemos la causa, el motivo principal  de lo que en la actualidad está sucediendo, no saldremos nunca de esta interminable desgracia económica que nos está destruyendo.

Los jóvenes no lo saben, pero hubo un tiempo en que en España había un cierto tejido industrial. Durante la transición todavía se sostenía un armazón de empresas metalúrgicas bastante sólido y no sólo en el País Vasco y Cataluña. Estaba Ensidesa en Asturias, los Altos Hornos del Mediterráneo, empresas importantes en Madrid, astilleros poderosos que eran referencia en el mundo entero. Fábricas de motocicletas en Cataluña que eran las más punteras en el «fuera de carretera», es decir, moto cross y trial. Si algún piloto quería ser campeón del mundo en estas especialidades, necesitaba una OSSA, una MONTESA o una BULTACO.

La crisis se generó a raíz de las guerras árabe israelíes. Como respuesta de los países árabes a la evidente superioridad tecnológica del entramado militar israelí, organizaron un cártel mundial que agrupó a los principales países productores de petróleo,  la OPEP. Esta asociación se ocupó de controlar la producción y la oferta, de forma que el precio de crudo se incrementó hasta niveles estratosféricos en unos pocos años.

Los grandes beneficios de la industria occidental cayeron de manera dramática  y, eso, para los capitostes, es decir, los que siempre están al mando, era insoportable. En una situación de guerra fría, con el terrorismo asolando, no sólo España, sino Alemania (Banda Bader Meinfhof), Italia (Brigadas Rojas), Reino Unido (IRA) los gobiernos occidentales hicieron frente a la situación de diversas maneras. En España, llegaron al poder los socialistas. En las fábricas, los sindicatos de orientación marxista se hicieron con  la  representación mayoritaria de los trabajadores a través del sistema de comités de empresa.

El socialismo español había para entones, teóricamente al menos, renunciado al marxismo. Felipe González, proclamó el nuevo dogma, «somos socialistas antes que marxistas», y eso le valió el «nihil obstat» de USA y de los gobiernos europeos. Una vez bendecido el nuevo líder y alcanzado el poder, los ideólogos del momento se ocuparon de la cuestión económica.

El problema era, como digo, el escaso margen de beneficios que los precios del petróleo dejaban a las industrias tradicionales españolas. En esa situación, se estudiaron algunas opciones. Una de las alternativas inmediatamente desechada por la presión sindical fue la contención e incluso el recorte salarial, es decir, lo que está ocurriendo en este mismo momento, sólo que ahora ya no hay industria que pueda salvarse, además el lector debe tener en cuenta que estoy hablando de los primeros años ochenta, treinta y cinco años han pasado ya, nada menos.

Como digo, un recorte salarial razonable que quizá hubiera permitido salvar gran parte de la industria, con unos sindicatos lanzados a las huelgas salvajes, y atrapados, y ahí siguen, en sus paranoias marxistas fue inviable, por lo que los gestores empresariales, optaron por dos vías para reducir costos. El traslado de la carga salarial al Estado, mediante los procesos de regulación de empleo que se pusieron en marcha  y que de acuerdo con los sindicatos, consistieron básicamente en la jubilación anticipada y el paro subvencionado, y en una apuesta por una automatización progresiva de los métodos productivos que lógicamente generaron de inmediato nuevos  excedentes de personal que necesitaban otros incentivos para el abandono del puesto de trabajo.

Abandono voluntario mediante  las denominadas «bajas incentivadas», es decir,  indemnizaciones más o menos generosas que permitían a algunos trabajadores, una vez perdido el empleo, abrir un modesto establecimiento propio, siempre relacionado con el sector servicios, peluquerías, bares, librerías, talleres de mantenimiento, etc.

A pesar de todo, es una característica, casi una programación genética, la que asalta una y otra vez a los que toman las decisiones, sean éstos quiénes sean. Un mantra que no les deja vivir, que les impide el sueño, nótese aquí, cómo muchos de estos seres hiperactivos, dicen una y otra vez que sólo duermen cuatro horas al día, a pesar de lo cual siempre están alegres y contentos. Ese virus al que me refiero, esa necesidad biológica que les asalta se resume en una sola, básica, elemental idea. «Siempre quieren ganar más». Y en aquel preciso momento en que se abordaban profundos cambios políticos, sociales y económicos se produjo una triple y terrorífica conjunción astral que dio lugar al advenimiento de una nueva clase de dirigentes que desde ese momento ha tomado la dirección de nuestro mundo.

El primer astro que comenzó a interponerse entre el lánguido sol económico que todavía nos alumbraba y nuestro futuro fue la revolución informática, el segundo que casi enseguida, irrumpió en la misma línea del horizonte cósmico, la caída de la Unión Soviética y a continuación el tercero y definitivo de los movimientos celestes. La violenta y poderosa expulsión  al mundo en crisis de una enorme cantidad de inteligencia y de nuevas ideas, (lo que no quiere decir que fueran buenas), que se consolidaron, tomaron forma aparentemente humana en  cuerpos juveniles envueltos en trajes negros con corbata del mismo color. Fueron los JASPs, jóvenes aunque suficientemente preparados, nuevos líderes. Tiburones sanguinarios de las finanzas y los negocios, léase, economistas, ingenieros, abogados, titulados en las más prestigiosas universidades americanas.

En el siguiente post, hablaré de ellos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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