PAISAJE DESPUÉS DE LA BATALLA

Editorial AmaranteMUJER DEL CUADRO PORTADA 001 OTAEGUI

EL SÍNDROME DE ESPERANZA AGUIRRE

El PP que ha ganado, ha perdido, y la izquierda, aún no ganando, ha ganado. Esto es así porque el PP es partido sometido a cuarentena médica desde que el señor Federico Lupi, mediocre actor argentino asentado en España, estableció por decreto televisivo el conocido cordón sanitario. Hay dos causas cercanas de la debacle PPera. Una, el enfado de una niña con la señora Sáenz de Santamaría y otra, la publicación de la declaración de renta de doña Esperanza Aguirre.

Analicemos en primer lugar la segunda cuestión referida a Esperanza. Las encuestas le eran favorables, avanzaba hacia el triunfo con seguridad, se fajaba en las terribles luchas en el barro televisivo con notable capacidad de encaje de golpes bajos, habilidosa devolución de otros semejantes, y de pronto……, nos enteramos que gana cuatrocientos mil euros al año.

Ahí se acabó Esperanza. La filtración es obra de auténtica ingeniería psicológica avanzada, sólo al alcance de las inteligencias que sumieron el 11 M en las catacumbas del terrorismo islamista. Y es que, bueno, a mucha gente le da igual que doña Esperanza gane cuatrocientos, o un millón, o dos, o tres millones, pero España es un país de envidiosos, y eso no quiere decir todos los españoles lo sean, muchos estarán en esa orilla de la envidia que se suele llamar sana. «Me gustaría ganar tanto como Esperanza, pero no le recrimino que lo haga, es más, me alegro por ella». Pero el ciudadano medio español, debemos reconocerlo, es, somos, envidiosos.

La filtración, malévola, malintencionada, de la que nunca podremos conocer su autor, viene acompañada de la coreografía y escandalera izquierdista de siempre, no por diluida entre expresiones de contento y gestos de repulsa, menos inteligible: « Esperanza eres una explotadora, una empresaria (ella es funcionaria, pero ser de la derecha la reconvierte en otra cosa), perteneces a esa parte aristocrática de la sociedad a la que nuestros padres, madres, abuelos y demás parientes han tenido a lo largo del tiempo que: cultivar sus tierras, ellos, quitarse la boina en su presencia, ellos, agachar la cabeza en señal de sumisión, ellos, sacar brillo con la lengua a sus “haigas”, ellos, limpiar sus mansiones, ellas, cuidar sus niños, ellas, amamantarlos incluso, ellas, soportar los primeros asaltos sexuales de los jóvenes señoritos, ellas, y por fin y para no aburrir con la interminable lista, limpiar sus culos de ellos y de ellas, ellas».
Y es que existe una memoria histórica oficial y también una subterránea memoria biológica que arrastramos en las capas más profundas de nuestro vengativo cerebro reptiliano, cosa que los arquitectos psicológicos de la izquierda conocen perfectamente. Y entonces se preguntarán, me preguntarán ¿qué pasa con la izquierda?, ¿acaso sus emolumentos anuales nos son semejantes e incluso superiores?, ¿no roba, no está implicada en escandalosos procesos judiciales? Pues parece que sí, que la izquierda está tan corrompida como la derecha, incluso más, pero lo hace con el viento de la historia y de los medios de comunicación a favor.

Es el caso de algunos dirigentes de la izquierda, por ejemplo, que han constituido  imperios económics que incluyen latifundios, caballos y pista de saltos, elevándose a las alturas social- nobiliarias de los Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart de siempre. O el caso de los cursos de formación y de los ERES andaluces. Pero no se les recrimina porque a lo largo de estos últimos años, un dogma de obligado acatamiento se ha ido introduciendo en las mentes de los españoles, sobre todo en las de las nuevas generaciones. Sólo la derecha roba, la izquierda, por el contrario, se resarce de tantos años de opresión y servicio a los antiguos señoritos. El enriquecimiento de los señores o de las señoras, siempre que sean de izquierdas, está justificado, se tolera por tanto, mientras que los salarios y ganancias de doña Esperanza causan grima e indignación.

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