CAZA HUMANA

Editorial Amarante

 

 

CAZA HUMANA

Es fascinante el poder de sugestión que tiene el cine, la televisión, la creación cinematográfica. En su momento fui un adicto al cine, por aquel entonces, ni siquiera existía la televisión. Las primeras tvs que se vieron en el pueblo las compraron un bar que situaba una serie de sillas frente al nuevo artefacto en un innovador programa de atracción y sujeción de parroquianos y el más rico del barrio que tenía una tienda y abría su casa a toda la chiquillería al tiempo que la cotización social de sus hijos, nuestros amigos, se elevaba como la espuma. El invento significaba que las sorprendentes historias, hasta ese momento confinadas a los fines de semana en el cine del pueblo, se hacían cotidianas, todos los días comenzaban a estructurarse conforme a la programación televisiva. Las noches de los  lunes «Los Invasores», las del el martes «El Santo». Por las tardes al bar Manolo a ver las del oeste «Bonanza», «Caravana». Etc.

Sobre el vicio cinematográfico que entonces se entendía como un avance cultural, comentaban en la familia el caso de un vecino, al que llamaremos Fermín, que se convirtió en un fanático cinéfilo. No había película, sobre todo del oeste, que se perdiera en el cine del pueblo. Ver las historias que todas las semanas se  proyectaban en la pantalla era para él tan sagrado como la asistencia, en aquel tiempo obligatoria, sin necesidad de vigilancia policial, a misa. Hasta qué…… (acordémonos de la historia de los Reyes Magos y la terrible caída del caballo que supone enterarse que los Reyes son los padres) por lo visto, alguien le comentó que cuando los vaqueros recibían un flechazo  o los del séptimo de caballería acudían en auxilio de los granjeros asediados por los malvados indios y acababan con unos cientos de ellos a tiros de pistola, en realidad nada de aquello era cierto, sino un montaje. Los heridos y muertos por los flechazos  o por los balazos, una vez acabada la toma se levantaban tranquilamente y se iban, indios y vaqueros en alegre camaradería, a la cantina a tomar una cerveza.

A Fermín escuchar semejantes aberraciones apalancado en la barra del Manolo mientras trasegaba un vaso de vino detrás de otro y fumaba un Celtas sin filtro le resultó, al principio, increíble y se negó a aceptar la cruel realidad. Sin embargo los argumentos de sus amigos estaban cargados de sentido común.

—Vamos a ver, Fermín —, le decían— cómo van a matar a toda la gente que parece que muere en cada película que realizan, ¿no te das cuenta de que eso sería un crimen terrible?, en realidad son actores, son gente que se sujeta con algún pegamento una flecha en el cuerpo y es entonces cuando se filma. Parece que es verdad, pero no lo es, es lo que ahora se llama el séptimo arte.

Finalmente, el pobre Fermín, acabó reconociendo que sus amigos tenían razón. Se  sintió estafado y engañado por todas las películas que había visto y desde ese momento dejó de asistir al cine  e incluso, que se sepa, jamás adquirió una televisión, cosa que se hizo obligatoria de allí a un par de años. Todo el mundo sonreía cuando contaba la historia de  Fermín, pero él insistía en que si todo lo que se veía en la pantalla era mentira, y quienes asistían a semejante espectáculo pagando además una entrada, lo sabían, entonces. ¿Quién era el tonto del pueblo?

Y hablando de estúpidos, bueno, uno sigue con su adicción al cine, qué le vamos a hacer, y ahora esa dependencia se ha trasladado a ese invento aún más destructivo que es la televisión. Se proyectaba ayer, en alguna de las cadenas, una película titulada «Caza humana». Su mayor atractivo residía en los actores protagonistas, por un lado Robert de Niro y por otro John Travolta. Por cierto,  es curiosa la necesidad enfermiza de las estrellas de cine de figurar destacadamente en los títulos. En la presentación, el nombre de Travolta aparecía un palmo más abajo que el de de Niro, pero más a la izquierda, con lo que supongo yo, que los productores compensaban las neurastenias  de uno y de otro.

La historia era bastante increíble. Un ex combatiente serbio, Travolta, se traslada a los Estados Unidos para, dentro de unos parámetros de juego limpio necesarios para llenar hora y media de duración peliculera estándar, vengar la muerte de su hermano, al que parece, (no estoy muy seguro, porque cuando anuncian siete minutos de anuncios, me engancho al zapping y para cuando recuerdo la película que estaba viendo ya han pasado varias escenas), mató en la guerra de Bosnia el personaje que interpreta de Niro. Robert de Niro, cojitranco, en permanente estado de enfado con el mundo, perseguido por los fantasmas de la guerra, vive aislado en la montaña y en una cabaña de madera. Allí llega el serbio y comienza la caza, de Niro escapa, Travolta le persigue con un arco, le dispara, le atraviesa la pierna con una flecha y le somete a una serie de torturas que entran en el género gore. Por algún mecanismo que no llegué a ver, (deambulaba como he dicho una y otra vez con el zapping), de Niro le da la vuelta a la tortilla y entonces él  tortura a Travolta, pero éste consigue escapar y otra vuelta de tuerca, ahora tortura Travolta y sufre de Niro, al final, también se me escapa el giro que pone a de Niro al mando, el americano apunta con su rifle winchester de las películas de vaqueros a ´Travolta, pero decide no matarle. Se producen en esa escena diálogos más o menos filosóficos a cuenta de la terrible guerra de Bosnia y la inutilidad de torturarse uno al otro. Explicación convincente de «por qué maté a tu hermano» y el serbio a Serbia y el abuelo solitario a ver a su  nieto. Fin

Análisis.

Primero, de Niro está bastante viejo para la guerra de Bosnia que tuvo lugar entre 1992 y 1996, no digo que no fuera posible, parece que era comandante o algo parecido, pero contrasta su aspecto con el más juvenil de Travolta. Travolta por su parte, está increíble, en el más estricto sentido de la palabra increíble, le colocan una barba islámica, le pintan la cabeza con algún tinte oscuro como la noche y distribuido con la uniformidad de una operación de crecepelo y luego nos dicen que es serbio. El tipo da miedo, pero no por la interpretación, sino porque parece un musulmán barbado cortacabezas transplantado a los USA, y uno se imagina a sí mismo (poder de sugestión del cine) solo en un bosque en el que aparece semejante mole humana, Travolta se ha  expandido de manera gigantesca, (ya no es el joven flacucho de  Grease), con ese aspecto de imán y la verdad, sabiendo cómo se las gastan  estos tipos del EI,  Alqaida y compañía, es para echarse a temblar. En serio, ¿por qué esta incongruencia?, es musulmán, parece musulmán, actúa como musulmán vengador y acaban diciéndonos que es serbio. Tiene que ser algo deliberado, algún oscuro objetivo guía la realización de estas películas.

Nos tienen muertos de miedo, ¿decapitaciones musulmanas?, ¿son creíbles?, ¿crucifixiones retransmitidas por You Tube? ¿A qué viene esto?, un buen musulmán saca el alfanje y separa la cabeza del cuerpo de un tajo, la crucifixión era un refinado método de tortura y ejecución romano, es decir, occidental.

Hay algo, tiene que haberlo, que está relacionado con el cine, con la realización de películas, que está detrás. Occidente, literalmente se muere de miedo y Travolta, musulmán, está ahí para que tengamos miedo de los musulmanes, sin embargo, como lo políticamente correcto exige no molestar, dicen que es un cruel serbio, es decir eslavo, es decir cristiano ortodoxo. Posible  explicación  ¿Debe usted, televidente occidental, firmemente sujeto al sillón hipnotizador, tener mucho miedo de los musulmanes, pero no oponerse a ellos porque en realidad los malos son los cristianos? Retorcido, sin duda, pero   el mundo del cine y su sorprendente capacidad de manipulación todo lo puede.

Lo demás no tiene importancia, de Niro, se interpreta a sí mismo, le va bien así. Desde Taxi Driver, no ha hecho más que poner el mismo careto chulesco y amenazante de mafioso callejero. Retuerce la cara, pero no interpreta, chilla, pero no sufre, filosofa, pero recita.

Los USA, como siempre, son los buenos, tuvieron que intervenir para poner fin a la barbarie, eso dicen, pero la intervención USA durante aquella guerra, más se parece a un avance de posiciones en la Europa del Este, antes firmemente sujeta por el imperio soviético. La guerra fría termina y el ganador adelanta un par de cuadros en el tablero de ajedrez. Tiene sus aliados, musulmanes, a los que apoya y que luego, parece, les incrustan un par de aviones en las torres gemelas, todo muy extraño, muy confuso, muy inexplicable.

Todo como una película, un guión incomprensible que toma cuerpo en la gigantesca pantalla televisiva que se extiende por todo el mundo. Fermín, ¡qué razón tenías!

 

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