MTV AWARDS 2015

Editorial Amarante

 

MTV AWARDS 2015

Zapeo aburrido. Aterrizo en algún  telediario que da cuenta de los premios MTV. Zapeo de nuevo, otro telediario en otra cadena, lo mismo. El nuevo orden mundial se comunica, es un decir, con nosotros,  a través de las sacerdotisas y algún que otro sacerdote que ejerce su ministerio en la moderna catedral de las ondas televisivas.

A modo de ilustración pueden verse los siguientes vídeos en Youtube.

Las consignas del nuevo orden  abarcan desde las formas correctas de pensar a las normas de comportamiento sexual. El video que las televisiones emiten nos muestra en primer lugar a Miley Cyrus lamiendo un martillo o maza con una expresión de deleite sexual, el mensaje es tan evidente que no necesita traducción. Luego se ve una presentación musical que parece corresponde a Beyoncé. Junto a ella aparecen unas señoras de generoso trasero. Los movimientos son procaces, las mujeres se ponen de espaldas y nos miran desde más allá del paisaje ondulante y ondulado con una sonrisa pícara y sugerente al tiempo que mueven lascivamente los glúteos embutidos, (no sé cómo, deben de haber necesitado la ayuda de Terminator), en minúsculos pantaloncitos, los mueven digo de forma rítmica, «arriba, abajo, derecha, izquierda …, yyy…de nuevo, arriba, abajo…», no entiendo el inglés, pero la letra, el mensaje, parece claro. «Métemela…métemela…métemela…¡Ahj!…¡Ahj!…¡Ahj!… »y de nuevo el estribillo, todo al ritmo obsesivo, hipnótico de una música que suena a Reggaeton.

Miles, tal vez millones de hombres ven los vídeos y sus neuronas comienzan a establecer aceleradas y poco meditadas conexiones. «Lo quieren…, lo desean…, lo quieren…,Ahj!…¡Ahj!..¡Ahj…!

Por supuesto, los afectados no son muy conscientes de ello, como los portadores de una enfermedad en  incubación no se darán cuenta, si lo hacen, hasta que se manifiesten los síntomas y como en este caso se trata de una afección cerebral la propia dolencia se ocupará de que el cerebro atribuya su reacción a la más absoluta normalidad.

Luego se producen los consabidos malentendidos. El cerebro infectado busca a Miley y a Beyoncé, que son las que piden guerra, peros sólo encuentra a su propia mujer  o, según sea el caso, a otras anónimas paseantes que curiosamente se visten como los actuales modelos de comportamiento. La realidad cotidiana desmiente, sin embargo los mensajes procaces, las llamadas sexuales de ellas y los comportamientos salidos de ellos, los cantantes, es un decir también, que pueblan los mismos vídeos o semejantes. Esos tipos que mueven las manos adelante, atrás, arriba, abajo, con un dedo, no sé cuál, tal vez el meñique, extendido, martilleando alguna frase grosera, al tiempo que con la gorra de visera de medio lado  y un zarrapastroso vestuario avanzan a la manera zombie,  tambaleándose, sin dirección evidente y sin propósito ninguno.

Ellos pues, salidos, asaltan a ellas, que van a la moda, son muy bien mandadas,  y ellos, insisto, suponen que todas gustan de lo que la Miley parece gustar. En general, a ellas, éso, el lametón al martillo, les da asco, pero no lo dicen, lo aguantan porque el nuevo orden lo exige. Lo otro,  es decir, la permanente ansiedad sexual femenina, también es un mito, les gusta, pero no hasta ese punto, el acoso interminable del moderno varón hipersexualmente inducido por los medios de masas, es insoportable. Sólo queda para el babuino salido, si todavía conserva algo de racionalidad, deslomarse en maratones, nataciones, «bicicletaciones», horas de gimnasios, pesas, musculaciones, y demás obsesiones físicas, que al menos distraen al afectado y le convencen. «No me hacen caso porque estoy flaco. Me pondré como Shw…lo que sigue…neger, o como, Math… Mac…lo que sigue…hyu, y  el éxito estará asegurado»

Aunque no lo parezca, el ejercicio conlleva algunos beneficios que  no se corresponden con los que el varón hipersexual  sospecha, pero, por otro lado, muy efectivos. En primer lugar el cansancio extremo en busca del cuerpo perfecto inhibe la ferocidad sexual, y en segundo lugar, el aumento de tonelaje muscular y su control necesario a través del espejo acaba por afectar a las pocas neuronas sanas que todavía sobreviven en el cerebro víctima del virus.

« ¡Qué bueno estoy!, los  bíceps está poco desarrollados, pero una serie adicional de doscientas flexiones con cuarenta kilos en cada brazo todos los días, lo arreglará. Tendré que tomar el suplemento que me han ofrecido y que ninguna mujer  se me acerque porque no puedo desperdiciar tiempo ni energía en ninguna otra cosa que no sean los bíceps, “qué flácidos están al tacto, ¡mierda!”». Y el enfermo abandona el espejo con gran preocupación.

Es decir, gracias al deporte, se produce la llamada sublimación Freudiana  que consiste en desviar una energía primaria, en este caso la necesidad hipersexual de perseguir a la hembra de la especie, hacia  otro objetivo sustituto del primero.

Pero claro, luego queda el resto del género masculino, los que no desvían instintos. Aquí la cosa se complica. Algún matrimonio corre peligro por  el permanente estado de excitación inducida del varón que cuando mira a su pobre mujer la  confunde con las embajadoras televisivas del nuevo orden en lugar de ver la realidad, la  trabajadora, ama de casa, y a cargo de un hijo del siglo XXI que pesa como una docena de los años cuarenta del siglo pasado y que lo único que quiere es descansar de vez en cuando. Y si la excitación escapa al matrimonio, el resto del género femenino, la mujer normal que cree que cualquier conversación con un hombre puede significar el comienzo de una gran amistad, se ve sorprendida por la insinuación sexual, cuando no por el ataque directo que en más de una ocasión acaba como no corresponde, porque uno no razona y la otra razona que lo que debe hacer es ceder, tal como prescribe la moderna religión de la conducta hipersexual que promueve el  catecismo del siglo XXI, lo que quizá la salve de la directa violación.

¿Con qué objeto?, pues no es posible saberlo con certeza, pero enlazo aquí, AQUÍ,  alguna noticia que puede aclarar  la situación. Mientras todos y todas, cantan, fuman porros, bailan, copulan, lo intentan, y cuando llega el lunes esperan desesperados al próximo fin de semana para volver a cantar, fumar porros, copular, intentarlo de nuevo, los amos de la cosa se aplican en estas actividades edificantes. Extraen, expolian, nos sorben la sangre con parsimonia, tranquilidad y dedicación dignas de mejor causa. Recuerden la película de Drácula de Coppola. El protagonista prisionero en el castillo del Conde, a merced de unas vampiras muy entretenidas y entretenedoras al tiempo que iban, entre ellas y el Conde, dejando al pobre abogado, representante de la clase media del momento, como la mojama.

 

 

 

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