NUEVO ORDEN MUNDIAL: AHORA LE TOCA EL TURNO AL CORTE INGLÉS Y A VOLSKWAGEN.

Editorial Amarante

NUEVO ORDEN MUNDIAL: AHORA LE TOCA EL TURNO AL CORTE INGLÉS Y A VOLSKWAGEN.

Todo sistema económico debe responder a tres necesidades básicas: qué producir, cómo hacerlo y cómo distribuirlo.

Supongamos que en la Roma antigua necesitaban alimentar  a una población de un millón de personas, la cosecha había sido mala y sólo tenían pan para ochocientas mil. Algún senador más espabilado que los demás decide echar mano del tesoro, el problema era que como las transacciones se hacían en oro y el oro siempre ha sido una moneda muy fiable, (es decir que refleja bien el valor de los bienes) sólo tenían una pieza por unidad de pan y necesitaban ganar tiempo antes de que la carestía y las rebeliones se hicieran presentes. El senador en cuestión propone añadir un poco de plomo a un porcentaje de monedas de oro, así de cada cien veinte tendrían una mezcla indetectable, de forma que las ochocientas mil iniciales, una vez fundidas y mezcladas en la proporción conveniente pasaran a ser un millón.

Todos sabían que el fraude acabaría apareciendo, pero los culpables serían otros. El proceso es sencillo, el senado, siempre preocupado por el bien público, distribuye una moneda a cada familia necesitada que lo agradece con vítores y alabanzas « ¡el poder político se preocupa por nosotros!».

Al principio no se nota, los panaderos aceptan una moneda por una medida de pan, pero con el tiempo se dan cuenta de que el pan no alcanza para satisfacer la demanda, ¿qué hacen?, pues suben los precios. Ahora, quién quiera comprar necesitará en vez de una, dos monedas. Por supuesto, el populacho monta en cólera, pero se desvía la culpa hacia los tahoneros, que no son buena gente, buscan su beneficio, pero que actúan con la lógica de oferta y demanda.

El sistema  político no ha podido responder a las necesidades de la población, pero ha sabido buscar un culpable. Alguien se la tiene que cargar. El pueblo hambriento necesita descargar la rabia y se le proporcionan los culpables aparentes del desaguisado. Una vez descuartizados algunos pobres empresarios de la harina y calmados los ánimos, sólo queda esperar una cosecha mejor el siguiente año y, si no, pues ya buscarían alguna guerra con la que expurgar el exceso de jóvenes a los que el sistema no puede o quiere proporcionar ningún futuro.

En definitiva. El sistema de mercado funciona,  responde a las preguntas básicas del principio  y pone de manifiesto las carencias y necesidades reales de la población, siempre que no se manipule la realidad por el poder político.

Bien, pues retrocedamos unos años en esta España en liquidación y situémonos en las postrimerías del franquismo y comienzos del nuevo régimen. Los jóvenes no lo saben, para ellos esto es prehistoria, pero por entonces los nuevos políticos que aspiraban a llegar al poder y cambiar aquella repugnante nación usaban frases concretas y sugerentes, ideas fuerza, lemas, etc («vamos a cambiar España de tal forma que no la va a reconocer ni la madre que la parió»), esta frase lapidaria la pronunció uno de aquellos aguerridos jóvenes que aterrizaron en uno de los gobiernos, vamos a llamarlos, por entendernos, democráticos.

Por entonces, sigo, otra frase fuerza, lema  que hacía furor era la siguiente (España es un país de camareros y albañiles, hay que modernizarla). Curiosamente estábamos hablando de la décima potencia industrial del mundo. Un treinta y pico por ciento de la economía nacional era producción industrial. Ahora, cuarenta años después, España es un país, exclusivamente de camareros, y eso sólo en verano. La industria anterior yace arrasada en museos que llevan el nombre de «Centros de interpretación de…lo que sea»

¿Qué ocurrió?, pues lo que ahora va a ocurrir con el Corte Inglés y de otra manera y respondiendo a otra estrategia con Volskwagen.

Veamos, el Corte Inglés es una marca de distribución española que tiene un considerable número de empleados a los que paga bien, no se conoce una huelga en esta empresa, que parecen razonablemente satisfechos y comprometidos con su trabajo, que tiene una gran cantidad de centros  comerciales por toda España y que en 2013 y 2014 ha generado unos beneficios, después de atender los salarios y devolver la parte correspondiente de un gigantesco préstamo que nunca debió de pedir, catorce miserables millones de euros. Los gurús económicos han dictado sentencia.

Aquí el análisis de un reputado economista

Véase cómo el analista anterior habla del patrimonio empresarial que podría solventar esos problemas de rentabilidad si se actuara sobre él con cierta prudencia. No se necesitaría ningún jeque con, sospecho, oscuras intenciones no sólo económicas.  Es posible que pronto veamos algún que otro imán predicando en los Grandes Almacenes.

Parece que el negocio del distribuidor va bien y que lo que lastra los resultados es el préstamo y sus intereses. Pero todo eso poco importa. «El senador» que manipula el dinero ha sentenciado que eso no puede ser. Tenemos que ganar más. Y entonces ponen al frente a un, digamos, gestor comprometido con los nuevos tiempos y como ocurrió en su momento con la industria española, se sustituye a la familia propietaria, (han echado a los Areces, con un par…), por medio de triquiñuelas no muy claras, Véase aquí, y probablemente poco legales y se entona el cántico que viene hundiendo nuestras empresas y nuestras posibilidades de supervivencia razonable desde hace cuarenta años, el lema, la idea fuerza que se entona, una y otra vez siempre es la misma «hay que separar la gestión de la propiedad». Dicho de otra forma, hay que echar a los propietarios y sustituirlos por los ejecutivos.

Para no hacer demasiado largo este post, sólo diré una cosa, «El Corte Inglés» está sentenciado. De momento han introducido a un elemento extrañísimo, nada menos que un jeque árabe en el consejo de administración. O quizá el jeque en cuestión había, previamente introducido algún que otro caballo de Troya en la empresa. El Corte Inglés ya no es español, pasa a formar parte de ese mundo virtual (matrix) de los fondos de inversión y de los intereses (muchos más de los que la gente sospecha) políticos extranjeros que saben que España es pieza de caza a abatir.

Los trabajadores de la empresa, otrora señera, ya pueden ir atándose los machos. Se pone en marcha la estrategia que ha acabado destruyendo Europa occidental, la estrategia de los inteligentísimos  chicos de Harvard, esos fenomenales economistas que elaboran productos alquímicos de composición secreta por medio de los cuales cualquier empresa solvente del occidente cristiano se disuelve en un plazo muy corto hasta quedar reducida a esa misteriosa economía financiera de los balances contables que nadie entiende. Al poco tiempo, una vez macerada y embotellada en manejables cisternas contenedoras, se transporta a través de fronteras físicas y virtuales y se vende en los oscuros mercados financieros de Singapur.

 

Y, ale hop, el alquimista convierte la otrora magnífica institución nacional en oro, pero sólo en comisión, cobra su parte, una millonésima parte del valor de la empresa que se ha disuelto y vendido, pero que para el gestor es una cantidad respetable. Es oro, pero sólo para él. La familia propietaria no pasará penalidades, al menos a corto plazo, pero los trabajadores ya pueden ir familiarizándose con los formularios del INEM, o como quiera que se llame ahora, tan venerable institución.

En la próxima entrega, algo sobre Volskwagen.

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