APOCALIPSIS AHORA: LA GUERRA DE LOS CUATRO DIOSES.

Editorial Amarante

 

APOCALIPSIS AHORA: LA GUERRA DE LOS CUATRO DIOSES.

El terrible conflicto que tiene su epicentro en Siria es, pese a quién le pese, una guerra religiosa.

Cuatro religiones monoteístas dirimen sus diferencias en esa región y en este preciso momento.

En primer lugar está el Dios Cristo. El Dios de los cristianos se hizo hombre y habitó entre nosotros. Los creyentes en Cristo se dividen en tres grupos fundamentales. Por un lado los católicos, el centro de cuya religión es el Vaticano en el que reside el Papa, supremo representante de Cristo en la Tierra. Cuando un católico necesita comunicarse con su Dios, recurre a sacerdotes o religiosos consagrados que han hecho una serie de votos que certifican su entrega total en cuerpo y espíritu al Dios al que sirven. El católico necesita de intermediarios consagrados para  que sus pecados sean perdonados o para conseguir una unión íntima con Cristo a través del sacrificio de la Santa Misa.

También son cristianos los protestantes que se dirigen al mismo Dios que los católicos sin necesidad de mediadores. Están ellos, lo que denominan el libre examen y  la Biblia, no necesitan nada más. Y por último,  los ortodoxos, cuyas peculiaridades no conozco demasiado, pero que no reconocen al Papa de Roma como cabeza visible de la Iglesia.

En la guerra de Siria, a los cristianos, lo mismo que al propio Cristo, les están moliendo a… iba a decir una barbaridad, son los  que tienen todas las de perder. No debemos olvidar que este mundo es del Mal,  y el Mal ofreció al propio Cristo el dominio sobre todos los reinos de la Tierra a condición de que le adorase. Jesús de Nazaret se negó  y todos sabemos cómo acabó.

La segunda religión en guerra es el islamismo, los creyentes en Alá, siguen, al parecer, lo estipulado en el Corán  y lo prescrito por su Profeta. Están  dispuestos a matar y a morir por sus creencias. Como los cristianos, están también divididos. Unos son suníes y otros chíies, esto es, al menos, lo que nos cuentan medios de comunicación. En Siria, los musulmanes se desparraman en innumerables facciones y tendencias,  luchan unos contra otros y todos contra judíos y cristianos. Los islamistas tienen su propio Vaticano en la Meca. Arabia Saudita quiere financiar doscientas mezquitas en Alemania que se unirán a  las que de tapadillo ha financiado ya en toda Europa y sobre todo en España.

El Islam está de conquista, suspira por el reino perdido de Granada y sabe que tiene aliados poderosos en España. Precisamente España es el país que más se odia a sí mismo y que más dispuesto está a entregarse al primero que llegue. De hecho, cientos de miles de musulmanes residen ya en la antigua Al  Andalus, no tienen problemas de género con sus mujeres y dedican gran parte de su tiempo a tener una enorme cantidad de hijos, lo que les asegurará la mayoría de población española a muy corto plazo. Colaboran  en el empeño suicida y con gran entusiasmo todos nuestros gobiernos pasados, presentes y futuros, el gobierno central, los autonómicos y también los locales, léase Diputaciones y Ayuntamientos, además de ONGs,  ofreciendo a todo el que aparezca por nuestras costas, habitación, asistencia sanitaria, educación gratuita, clases de religión islámica y comida adecuada al precepto musulmán.

La tercera religión en conflicto es la religión judía cuyo Dios es Jehová, según los protestantes o Yahvé según los católicos. La religión judía tiene también su propio Vaticano que es el estado de Israel. Sobre esta cuestión hay que hacer algunas aclaraciones, puesto que en general se entiende mal lo que significa el estado israelí. Sus apologistas hablan a menudo de que Israel es el único estado democrático en un mar de dictaduras árabes, pero ojo, esto no es correcto. En cualquier estado de los que conocemos como democráticos llega una señora embarazada en patera una vez calculada la duración de la singladura con precisión matemática, da a luz en un litoral de Francia, por ejemplo, y el recién nacido ya es francés, con los mismos derechos y deberes que cualquier otro nacional galo cuyos antepasados no se han movido de las cercanías de París desde que Vercingetorix estuvo a punto de acabar con Julio César. El mismo caso en Israel  no tiene idéntico resultado. Veamos.

AQUÍ UNA PÁGINA QUE ILUSTRA ESTA CUESTIÓN

He encontrado esta página un poco antigua en Internet, a ella me remito y si hay algo que es erróneo animo a quien conozca mejor esta legislación a que la corrija y yo pido disculpas por anticipado. Pero en principio se trata de lo siguiente:

Un tal Jesie expresa su gran alegría al descubrir que tiene antepasados judíos y después de alabar la página Web a la que se dirige, parece que…, esto no está claro, pregunta por la forma en que podrá adquirir la nacionalidad judía.

Se puede leer el documento completo, pero lo más importante es lo siguiente:

(Ser judío
Decimos ahí la regla básica que permite distinguir al miembro de la nación judía, del que no lo es: ser hijo de madre judía al momento del nacimiento; o haber adquirido la nacionalidad judía mediante el proceso de conversión formal.
Tal es la ley desde hace al menos tres milenios, y no hay motivo, ni fundamento, ni condiciones jurídicas como para modificarla.)

Para ser judío hay que nacer de madre judía, lo cual implica una condición racial de primer orden. El nacimiento de madre indica seguridad de que el nacido es de raza certificada. El padre no importa porque desde siempre la paternidad ha sido dudosa, es decir, el padre puede ser de pura raza judía, pero si su hijo nace de una gentil, por ejemplo de una inglesa, o española, o francesa,  la filiación no es segura. La inglesa en cuestión podía haber cometido adulterio secreto y entonces el hijo no tendría ni un solo gen judío. Ante la duda que siempre ha suscitado el comportamiento femenino, sólo los nacidos de madre judía merecen tal condición. Esta ley, dice el encargado de responder la pregunta, tiene al menos tres milenios, y no hay motivo ni fundamento para modificarla.

Es una opinión, por supuesto, pero hoy en día con las pruebas de ADN, se podría asegurar la buena raza con un sencillo análisis de laboratorio, por no hacer mención de las nuevas y creativas técnicas de reproducción asistida. Así una buena madre judía, podría gestar y dar a luz a una criatura perfectamente gentil. Pero estas son otras historias.

La otra forma de conseguir la nacionalidad judía es a través de la conversión religiosa. Entresaco el siguiente párrafo.

(Por tanto, y aunque sea penoso para muchos, ninguna persona gentil pertenece a la nación judía simplemente por quererlo o por tener gran amor por los judíos y el judaísmo o por tener algún lazo de familiaridad no vinculante (padre judío, esposa judía por ejemplo).
Si tanto es el amor, el apego, la vitalidad de las raíces judaicas, el deseo de ser miembro del judaísmo, sin dudas que la persona sabrá andar con firmeza e integridad el camino de la conversión formal, de la adopción legal de la identidad judía.)

Queda claro entonces. No todo el mundo que  quiera puede ser miembro del pueblo elegido.

Mucha atención al siguiente párrafo, también entresacado:

(Estado de Israel
Los requerimientos de la nacionalidad judía y de la ciudadanía israelí no son coincidentes en su totalidad.
En otras palabras, no es lo mismo ser miembro de la nación judía o de Israel (israelita), que ciudadano del Estado de Israel(israelí).)

En resumen. El estado de Israel es sólo para judíos de raza o aquellos que han seguido un proceso, muy complicado, de conversión religiosa.

(La nación de Israel tiene el derecho y la potestad de decidir quiénes son sus miembros, y quienes no, y cuáles son los procedimientos adecuados para ingresar a ella; tal como el resto de las naciones hacen y no se ven sometidos a opiniones o ingerencias de extranjeros(mire los numerosos ejemplos europeos en este sitio).

Casi lo mismo que en cualquier nación europea, en la cual, cualquiera que haya nacido en territorio nacional, es acreedor por derecho de nacimiento y sin que a nadie le importe su religión o creencia del derecho absoluto de ciudadanía.

UNA PÁGINA CRÍTICA CON EL ESTADO DE ISRAEL

En resumen, creo que queda claro que Israel es un estado racial y religioso en el que prima la fe en Jehová, el cumplimiento de la Torá y la lectura del Talmud en el cuál se dice que nuestro Señor Jesucristo está en el infierno porque era un demonio nacido de la relación de María con un soldado romano de nombre Pantera. Algo de esto, parece que se puede leer en el Talmud, que debe ser  un compendio de interpretaciones rabínicas acerca de la religión judía.

El Dios de Israel, es o a mí me lo parece, aunque los católicos deben, por exigencia de su fe,  creer que es el mismo, radicalmente distinto al Dios Cristo. Cristo oraba durante noches enteras de forma conmovedora  con su Padre,al que prometía siempre hacer su voluntad. Este Dios Padre misericordioso,  en vez de amenazar con guerras y venganzas entrega a su propio Hijo al verdugo para la salvación de los hombres.

El Dios Jehová, sin embargo,  aparece retratado en la Biblia como un Dios irascible, celoso, justiciero en grado sumo. En definitiva, la tercera religión en conflicto en el Oriente Medio es la religión judía. Los judíos, lo mismo que los católicos están extendidos por todo el mundo. Cualquier judío reconocido como tal podrá obtener la ciudadanía y el derecho pleno en el estado de Israel antes que un nacido en el mismo que no cumpla las condiciones de raza y religión. El actual primer ministro israelí no ha nacido en Israel. El Vaticano judío, es pues, Israel.

La cuarta religión en liza es la más misteriosa y escurridiza de las cuatro. El dios de esta cuarta religión no tiene nombre conocido, se refieren a él como el gran arquitecto. Hablamos de la religión masónica. Los masones dirán que no pertenecen a ninguna religión que en realidad forman parte de unas asociaciones de tipo filantrópico, etc.

También dicen que la masonería no es una organización secreta, sino discreta, pero…, pero lo cierto es que todos sabemos dónde, cómo funciona, por ejemplo la religión católica. Sabemos lo que dice el Papa y lo que hacen los obispos. Con un poco de interés podemos tener conocimiento de las estrategias del catolicismo. Tampoco los protestantes se ocultan. Cualquiera puede asistir a sus ceremonias y preguntar a sus pastores. Con cierta dificultad, pero la religión judía también puede ser conocida y los islamistas se publicitan por internet. Todo el mundo está al tanto de lo que creen unos y  otros. No ocurre lo mismo con la masonería. Se dice que el denominado Nuevo Orden  Mundial está auspiciado precisamente por esa mentalidad constructora que permea toda la cosmovisión masónica.

El masón, el constructor que antiguamente erigía catedrales, ahora construye una nueva sociedad. Para ello necesita un solar, es decir, destruir lo viejo, derribarlo y construir lo nuevo.

El dios masón es un dios gnóstico, es decir, lejano, incognoscible, sólo al alcance de unos privilegiados. El masón además cree en el demiurgo, un dios menor creador de la materia. El cuarto dios en liza que lucha en Siria y más subrepticiamente en todo el occidente cristiano, es pues, el dios masón.

El gran enemigo a destruir por parte de los otros tres dioses, al margen de lo que parezca a primera vista, es el cristianismo occidental. De hecho el más conocido representante del mismo, el Papa Francisco, es evidente que no reconoce al Cristo Dios, sino más bien piensa en Jesús de Nazaret como un referente carismático y muy humano de ideas más bien marxistas en cuanto a defensa de los pobres y reparto de riquezas. El Papa Francisco no bendice nunca y como los papas anteriores desde el Vaticano II, anda pidiendo perdón a unos y a otros y organizando reuniones con todos los representantes de las religiones que hasta no hace mucho tiempo los católicos consideraban herejes y condenados por tanto a la perdición eterna.

El catolicismo, pues, ha claudicado ante el islamismo y el judaísmo al que reconoce como una suerte de religión mayor, anterior y  más justificada y también ante la masonería y la gnosis que viene a ser algo parecido.

EL TRIUNFO DE LA GNOSIS

Desde un punto de vista objetivo, parece que la Iglesia Católica se dirige hacia su propia y voluntaria disolución en el futuro magma de una nueva creencia de tipo sincrético en la que tendrán cabida todas las religiones y sus aportaciones para conseguir un  mundo sin enfrentamientos por causas religiosas.

En el conflicto Sirio, en Irak, en Afganistán, ningún ejército, hasta hace muy poco, defendía el cristianismo. Los ejércitos OTAN, capitaneados por USA, hace años que fracasan en el empeño de conseguir que la paz y la estabilidad vuelvan a esos países. Es más, la obstinación norteamericana en construir en Irak una democracia viable, ha naufragado estrepitosamente desde la última guerra de invasión que acabó con Sadam Hussein.

El intento, al menos la justificación que se dio a la invasión de Irak, erigir un nuevo modelo de convivencia en una país árabe, recuerda esa idea masónica de destruir lo existente y construir sobre el solar calcinado.

Las posterior retirada de fuerzas USA, decidida por los nuevos políticos de Washington, no han hecho más que empeorar la situación. Se ha producido la aparición de innumerables grupos de guerrilleros con nombres de lo más variado, ISIS, EI, DAESH, AL QAEDA, etc., cuyas estrategias y procedencia son misteriosas. Se habla de que los propios Estados Unidos estarían armando y protegiendo a algunos de estos ejércitos.

Estados Unidos, pues, parece el brazo armado de ese cuarto dios, demiurgo masónico cuyas intenciones parecen poco claras. Si hace unas décadas USA era una nación fundamentalmente cristiana, ahora parece evidente que ha oscilado hacia el espíritu  masónico que siempre ha tenido una enorme tradición y fuerza en el país norteamericano.

También parece que la superioridad militar occidental ha llegado a su fin con la decidida intervención de Rusia desplegando sobre el escenario sirio una serie de armas ofensivas y defensivas contra las que el arsenal militar norteamericano no tiene respuesta en este momento. Rusia, además, cuenta con la bendición del cristianismo ortodoxo tradicional en los países del oriente europeo. Los cristianos perseguidos de Siria y otros países árabes han acogido con alivio la entrada en guerra de Putin, que se convierte así, en su único y fiable defensor.

Pero no sólo está Rusia presente en esa zona de conflicto. Parece que China ha desplazado también alguna flota armada en lo que parece una alianza con los rusos para poner fin a la supremacía militar norteamericana que ha permanecido incuestionable hasta este momento.

Israel asiste con creciente preocupación a la escalada militar y se enfrenta en  el interior de sus propias fronteras a la enésima intifada palestina.

Por otro lado, alguna estrategia elaborada con inteligencia y capacidad económica y organizativa ha conseguido desplazar cientos de miles de los llamados refugiados hacia las fronteras de Alemania y del resto de países europeos.

Algunos hablan  de una invasión  perfectamente organizada a la que la falta de principios morales propiciada por el abandono de la religión propia e histórica, sustituida por una singular ideología buenista y paralizante en todo el occidente europeo, se muestra incapaz de resistir.

Tenemos pues, una situación potencialmente explosiva con la presencia en la zona de conflicto de varias potencias atómicas. El propio primer ministro del Reino Unido Cameron ha hablado recientemente de que no renunciarán al empleo de armamento nuclear. Si el estado de Israel se ve incapaz de defenderse por otros medios, es seguro que recurrirá a todo su arsenal. Irán también dispone o dispondrá en breve de su «bomba» y otros países enfrentados por las mismas cuestiones religiosas, Pakistán y la India, disponen de las suyas propias.

Todo esto va pareciéndose cada vez con mayor fuerza a lo que el Apocalipsis relata acerca de la última batalla en la llanura de Armagedón.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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