CONSTITUCIÓN FALLIDA

En la última entrega de su serie de entrevistas, Bertín hablaba con Adolfo Suárez Illana.

Su padre que por edad podría haber sido el padre de muchos de los cincuentones que ahora echamos la vista atrás, lideró ese proceso que se conoce como la transición, el paso de una dictadura personalista a un sistema democrático.

La situación de España cuando Adolfo Suárez fue nombrado presidente del gobierno era terrible. En el interior se enfrentaba a un desafío terrorista que tal como contó Adolfo hijo mataba a más de cien personas en un año. En el exterior, Marruecos se había hecho con el poder en el Sahara sin que el gobierno, ni el ejército hubieran podido hacer nada, además la imagen que España presentaba hacia los países del entorno era la de un país atrasado, pobre en relación con las prósperas naciones europeas y sobre todo políticamente inaceptable.

En aquellas circunstancias Adolfo Suárez fue elegido para dirigir un proceso que, según se desprende de la entrevista y de lo que parece la opinión más extendida entre historiadores y estudiosos, había diseñado Torcuato Fernández Miranda. Se trataba de ir de la ley a la ley, es decir, de añadir a las leyes fundamentales del estado una nueva ley que se denominó «ley para la reforma política» que finalmente  dio lugar a lo  que se conoce como el suicidio de las cortes franquistas y el paso subsiguiente a la elección democrática  de un parlamento constituyente.

Parece que la idea de  Fernández Miranda  era que una vez puesto en marcha el proceso por Adolfo Suárez y llegado el momento de las primeras elecciones democráticas, el entonces presidente del gobierno se retirase de la política y no participase como candidato, ni constituyese ningún partido a su alrededor, quizá para evitar que  el nuevo sistema político pareciese una mera transformación cosmética del anterior. Según se desprende de la entrevista existía un pacto, un acuerdo sólido a este respecto que finalmente Adolfo Suárez rompió y que supuso un enfrentamiento con Fernández Miranda.

Como justificación de esa ruptura del acuerdo, Adolfo hijo comentaba que por aquel entonces su padre y otros analistas políticos estaban convencidos de que el PSOE de  Felipe González iba a ganar por mayoría absoluta y  el PSOE de entonces no era el PSOE más centrado de años posteriores. En opinión del presidente del gobierno, y por eso organizó su propio partido de centro UCD,  todavía no era el momento de que un partido de izquierdas y revolucionario ganase las elecciones.

Sea como fuere, treinta y siete años después de que se promulgara la constitución parece evidente que algo ha salido mal.

España era en el año 1978 un país con gravísimos dificultades, pero que en lo esencial tenía grandes posibilidades de desarrollo. El único problema que resultaba condicionante era el terrorismo de ETA y la amenaza militar de un estamento que casi en su totalidad estaba ocupado por simpatizantes del franquismo, Franco murió en el año 75, sólo en tres años se pasó de una dictadura militar a un sistema de elecciones libres, pero el ejército seguía siendo a todos los efectos ideológicamente franquista.

El golpe del año 81 terminó por decidir la partida. A partir de ese momento la España de las autonomías, el fundamento de la nueva constitución, comenzó a desarrollarse acumulando competencias, unas propiamente establecidas para el sistema autonómico, otras que fueron apareciendo conforme cambiaban las circunstancias y la mayor parte como resultado de transferencias o delegaciones de las reservadas al estado, singularmente educación y gran parte de la gestión fiscal.

La idea subyacente, la que da sentido al sistema autonómico es la del hecho diferencial. Se predica una y otra vez desde las más altas jerarquías del estado que España es una nación diversa y que esta diversidad y su  reconocimiento respetuoso es lo que da lugar a una España más unida y fuerte.

Cataluña ha emprendido ya un camino sin retorno posible. Otras autonomías buscan desesperadamente ese hecho diferencial, esa justificación a su propia existencia como administración de personas y territorios. Aragón habla ya de oficializar su propia lengua. Asturias escribe algunas páginas en periódicos regionales en «bable», en Galicia  el castellano parece que está prácticamente expulsado de la vida oficial y administrativa. Curiosamente en el País Vasco se sigue hablando castellano porque el euskera ha resultado ser un idioma casi imposible para quienes no lo han aprendido en la propia familia.

Treinta y siete años de vigencia de una constitución corresponden aproximadamente a una generación de ciudadanos. El fracaso, de Fernández Miranda, de Suárez, de González, Aznar, Zapatero, de Rajoy, de nuestra propia generación en su conjunto es tan evidente que da…, que nos da vergüenza mirar a nuestros hijos.

 

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