EUROPA EN EL PUNTO DE MIRA

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¿Qué decir? De nuevo atacan Francia  como antes atacaron España. Una marea de solidaridad bienintencionada recorre el mundo.  Hablan  de ataque terrorista, responsabilizan a alguna oscura organización islámica de las que abundan. ISiS, EI, DAESCH, quién sabe. Lo que sí es seguro es que la fiesta se ha acabado. Nuestros jóvenes, felices habitantes de los fines de semana en discotecas y salas de baile, tendrán que abandonar sus costumbres. La policía patrulla pistola en mano por las calles de París. Los ciudadanos permanecen atrincherados en sus viviendas por orden gubernativa. Todos tenemos miedo, el más paralizante de los instintos primarios. Los estrategas del terror lo saben. El miedo entra en el alma, se aposenta en lo más recóndito de nuestros circuitos cerebrales y nos obliga a no hacer, no decir, no pensar…nada.

El silencio de los corderos destinados al matadero.

Si hay algo seguro en este mundo, en esta vida, es que la muerte, tarde o temprano, nos alcanzará. Las promesas médicas de expectativas de vida más allá de los cien años, la cirugía rejuvenecedora, el moderado ejercicio y la ingesta de cantidades proporcionadas de alimentos y vitaminas caducan ante la salvaje determinación de morir matando. Los ejércitos más poderosos del mundo,  los sistemas policiales más sofisticados y avanzados  sólo sirven para cercar y encerrar en sus casas a los que los sustentan con sus impuestos.

Nuestros políticos, elegidos según deciden algunos centros de control mental a través de sus terminales mediáticos  ya están hablando de yihadistas separando el caballo de Troya del contenido de sus vísceras. Algunos de nuestros más televisivos predicadores del nuevo orden, analizan minuciosamente los motivos reales, las causas profundas, los acontecimientos geoestratégicos que motivan la inevitable reacción de los parias desheredados del mundo que a falta de pan y tierra propia, se envuelven en cinturones explosivos y estallan en mil pedazos en la esperanza de la pronta reconstrucción de su cuerpo mortal en el cielo de los mártires.

Detendrán pues, dentro de poco,  a alguna célula escindida del radicalismo islámico y volverán con la cantinela del amor entre culturas y la misa vaticana concelebrada con asistencia de mulás, rabinos, indios araucanos y hechiceros congoleños. Podremos volver a hablar de alianza de civilizaciones, renovaremos nuestros votos de  renuncia (entre aspavientos intelectuales y artículos de Stephen Hawking que nos insistirá en que su poderosa inteligencia no necesita a Dios para explicar su presencia el mundo),  a nuestra herencia cristiana, podremos también, una vez olvidada la riada de sangre francesa, expropiar la Mezquita de Córdoba y entregarla junto con nuestras iglesias vacías al culto musulmán.

Nuestras ONGs con subvencionados puestos de trabajo a cargo del erario público seguirán llamando a nuestros verdugos y sosteniéndolos con generosas rentas de inserción y de garantías de ingresos mínimos. Ellos y ellas vendrán, no agradecidos, no como los españoles del tardofranquismo, nuestros padres y tíos,  que emigraban a Alemania y Francia muertos de vergüenza cargados  de maletas atadas con cuerdas de esparto, vestidos con chaqueta de pana, boina calada y bota de vino o porrón con lágrimas en el alma y la esperanza lejana del retorno, éstos no, éstos vendrán de conquista, ya están aquí, nos miran con el desprecio que merecemos.

 

 

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