EL DESASTRE QUE SE AVECINA

DONALD TRUMP  Y SUS ENEMIGOS II

AQUÍ ARTÍCULO COMPLETO EN LA GACETA

«Donald Trump lo ha vuelto a hacer. Cuando parecía imposible que el excéntrico millonario que arrasa en las encuestas como aspirante de la candidatura republicana a la Casa Blanca pudiera decir o hacer algo que enfureciera aún más a los medios o alarmara al estamento político de Estados Unidos, ayer lunes, y tras la matanza de San Bernardino, emitió una nota pidiendo la total y absoluta prohibición a la entrada en Estados Unidos a cualquier musulmán “hasta que los representantes del país averigüen qué está pasando”

Esto pedía  Trump, y lo que más llama la atención es la última frase. «Los representantes de la nación deben saber lo que está pasando», y en esta condición se resume gran parte del problema, porque si en los Estados Unidos los representantes de la nación no saben qué es lo que está ocurriendo, en el resto del mundo, antes llamado libre, es decir, la Europa occidental reunida en un grupo de nacioncitas alrededor de eso que se llama UE, se sabe aún menos.

Y es que cada vez hay más dudas acerca de qué es lo que está ocurriendo, por qué está ocurriendo  y también acerca de quién está realmente detrás de esta enorme confusión.

En alguna ocasión he dicho que la caída del muro de Berlín confundió a muchos que supusieron de inmediato que la Unión Soviética y su máximo baluarte, Rusia, habían sido definitivamente derrotados en esa guerra tonta que se venía librando desde el fin de la conflagración mundial y que se llamó guerra fría. También he dicho que la cosmovisión comunista, el sistema  marxista, nunca ha perdido una guerra.

El nazismo, como filosofía fundamentada en la idea de superioridad racial de unos grupos humanos respecto de otros fue exterminado después de una guerra terrorífica que acabó reduciendo a cenizas la Alemania continental  hasta dividirla en dos naciones que así, por separado, parecían menos peligrosas.

El marxismo, sin embargo,  nunca ha sido derrotado en una guerra convencional, puede haber perdido batallas, incluso es probable que haya sido abolido como sistema socio económico y político  en la nación rusa, pero ha seguido firmemente asentado en los círculos intelectuales de Norteamérica y desde allí se sigue extendiendo con fuerza por todo su ámbito de influencia y  curiosamente ahora, a través de eso que se denomina NOM, se enfrenta a la antigua campeona del marxismo, a la propia Rusia.

Rusia como tal nación tampoco ha sido derrotada, todos los estrategas militares saben que cuando Rusia se siente débil se encoge sobre sí misma, deja parte de su inmenso territorio a merced del enemigo después de haberle obligado a conquistar a sangre y fuego cada metro de suelo y se cobija en los montes Urales para poner en marcha su industria y su sistema de intendencia hasta que está en condiciones de contraatacar y entonces los más reputados generales y ejércitos occidentales acaban siendo machacados.

Esta historia, pues, bien pudo comenzar en la primera guerra de Afganistán cuando el ejército ruso intervino frente a una rebelión islámica para sostener al gobierno procomunista.

La maquinaria militar soviética se mostraba invencible por lo que algún senador norteamericano se le ocurrió apoyar a los rebeldes mediante el suministro de armamento sofisticado y fácil de usar para el soldado de a pie. Los misiles stinger (pongan «Operación Ciclón» en el buscador de Wilkipedia y verán que estos lodos vienen de aquellos polvos, es decir, del jueguecito miserable que se traían las dos superpotencias),  se usaron para derribar aviones y helicópteros rusos que eran su arma fundamental frente a la guerrilla, en todo caso lo importante es comprender que se pusieron a disposición de unos señores con mentalidad del siglo XV una serie de armas propias del siglo XXI que fueron las que decantaron la victoria, las que definitivamente obligaron al ejército soviético a retirarse de Afganistán.

A partir de ese momento se consideró que la tecnología avanzada convertía el arsenal militar occidental en infinitamente superior al soviético y eso llevó a que se considerase a Rusia  fuera de juego. De esta forma el oriente medio con sus pozos de petróleo quedaba a disposición de occidente, mejor dicho, de algunas élites que se ocuparían mediante operaciones financieras y especulativas de subir o bajar el precio cuando fuera conveniente. Sólo había que ir eliminando a lo que quedaba de los antiguos aliados de Rusia, entre ellos Libia, Egipto, Siria y en última instancia Irán.

En Oriente Medio el ejército israelí es una prolongación del ejército norteamericano, (aunque las malas lenguas afirman que es exactamente al revés. Ya saben, la frase que Claudio, en la novela de Robert Graves, pronuncia al comienzo del relato. “Augusto dominaba el imperio y Livia dominaba a Augusto”). Bien, pues el ejército israelí sufrió una tremenda derrota en el año 2006 cuando decidió invadir el Líbano y acabar de una vez por todas con el grupo armado conocido como Hezbollá que tenía por costumbre lanzar todos los días unos cuantos misiles sobre las aldeas judías cercanas. El asunto se planeó como un aburrido paseo militar, unas cuantas divisiones del Tsahal arrasarían al enemigo como había ocurrido tantas veces anteriormente. Sin embargo los combatientes de Hezbollá disponían de un  lanzagranadas especial proporcionado por… esto es dudoso, los rusos lo niegan, pero lo seguro es que el artefacto era de fabricación rusa y que de alguna manera misteriosa llegó a manos de los guerrilleros que se cargaron toda una división de carros de combate Merkava considerados hasta entonces invulnerables a este tipo de ataques, y ahí empezó la retirada israelí y la posterior confusión.

Al cabo de los años tienen lugar las llamadas revoluciones de la primavera árabe o también revoluciones de colores cuya génesis y organización  algunos achacan a servicios secretos israelíes o norteamericanos y también finalmente, y ahí ha estado el error monumental, la llamada revolución naranja en Ucrania que ha sido el momento en que Rusia ha comenzado a moverse en el terreno militar, porque como tiene por costumbre, Rusia cuando pierde una batalla importante  se retira a sus cuarteles de invierno, recompone su industria, su economía y cuando se siente preparada contraataca. Y aquí estamos, a punto de vernos involucrados en una guerra extrañísima en la que parece que Israel y Estados Unidos han acabado, o lo han intentado, con sus bestias negras, principalmente Gadaffi y otros regímenes de países árabes mediante la utilización de grupos islámicos fanatizados, hasta que se ha llegado a esta situación de total confusión y caos en Siria en la que confluyen ejércitos de todos los países con Rusia amenazando con hacer uso de su armamento nuclear y Turquía derribando aviones de Putin en el convencimiento de que su pertenencia a la OTAN obligará, nos obligará, si vienen mal dadas a entrar de cabeza en la tercera guerra mundial, precisamente ésa de la que Einstein dijo que no sabía con qué tipo de armamento se combatiría, pero de lo que sí estaba seguro es de que la cuarta se lucharía con palos y huesos de animales.

 

 

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