VERGONZOSO ESPECTÁCULO EN EL DEBATE DE LA 1

VERGONZOSO ESPECTÁCULO EN EL DEBATE DE LA 1

 

 

Un país completamente arruinado, con una deuda que deberán pagar los nietos de nuestros nietos, en un proceso de disolución nacional que encabeza el nacionalismo catalán.

Un país amenazado en el exterior por enemigos seculares (asalto a la embajada en Kabul) y  por supuestos amigos, seculares también (el Vaticano y su antiespañol y jesuita, son casi sinónimos, Papa Francisco), asediado en el interior por los mismos enemigos del exterior cómodamente asentados y mantenidos a cargo de presupuesto público unos y otros,  a los que se une la izquierda irredenta que quiere, como sea y al precio que sea, resucitar la guerra civil, se enfrenta dentro de unos días a una trascendental votación que decidirá el futuro de nuestros hijos para un período de cuatro años como mínimo.

Y en esta terrible tesitura nos enfrentamos a una vergonzosa campaña electoral en la que ha acabado aflorando en el debate político a dos con el que Rajoy quería seguir manteniendo el “statu quo” preexistente, el veneno, la envidia, el odio, la vileza, la ambición, la maldad, todo ello acumulado en una masa pútrida cada vez más descompuesta y gaseosa instalada en los resquicios más escondidos de las circunvoluciones mentales de los españoles corrientes. y que finalmente ha explotado,

El candidato socialista fue el máximo culpable con la aquiescencia silente, presencia fantasmal apenas perceptible de un moderador impasible, posiblemente incapaz o tal vez superado por el descenso a los infiernos del insulto personal, de la falta de mínima educación, de la manifiesta imposibilidad de contener algo el ego inflado, la desmedida ambición de poder, del lenguaje soez, imposible en cualquier candidato de un país sólo un poco más normal que éste desgraciado nuestro que padecemos, del candidato socialista.

Debería saber el señor Sánchez que el presidente del gobierno le hacía un favor, bien es verdad que por propio interés, pactando un  debate a dos que le elevaba a la condición de líder de la oposición, candidato principal a tener en cuenta en las próximas legislativas. Por el contrario, el  socialista con sus insultos en un lenguaje que no llegaba siquiera al nivel corriente que se usa  en las tabernas más cutres de este país, que se correspondía mejor con la insoportable cacofonía de berridos que se estilan en las tertulias más abyectas de la televisión, escupió directamente a la cara de un hombre que es, por encima de todo, nuestro presidente del gobierno, elegido conforme a este sistema que a mí me parece acabado, pero con el que tan contentos están los que están y los que desean estar a partir del próximo domingo. Rajoy se merecía un mínimo respeto.

La corrupción, señor Sánchez, no es de Rajoy, ni de Rato, ni de  la Junta de Andalucía y sus ERES fraudulentos, léase aquí Griñán o Chaves a quien sea, la corrupción es propia del sistema, propia del régimen del 78 que encabezó el dimitido, abdicado, como quiera llamársele, rey anterior.

Un sistema que se basa en el reparto, primero, de lo que había, que no era poco, entre un conjunto de partidos institucionalizados que han pervivido como parásitos adheridos a esta pobre piel de toro durante esta llamada democracia, vendiendo lo existente al mejor postor y cobrando la comisión correspondiente, en segundo lugar incrementado los impuestos de manera, al principio moderada, ahora ya de forma desaforada hasta llegar a la confiscación de lo poco que queda de propiedad privada de los más humildes ciudadanos y en tercer lugar contrayendo deudas a través de un sistema bancario fraudulento y engañoso que ha incrustado a los españoles confiados todo tipo de instrumentos de supuesto ahorro e inversión «activos financieros de composición incomprensible», preferentes, por ejemplo, y  que ha terminado por arruinar a miles, tal vez  cientos de miles de pobres ahorradores que han visto como todo su patrimonio se ha diluido en las sucesivas burbujas económicas.

Rajoy tiene razón, él ha salvado el sistema financiero heredado de las increíbles barbaridades económicas cometidas por las dos legislaturas zapateriles, es decir socialistas, pero Rajoy no ha salvado a los pobres hipotecados, no ha entregado cientos de miles de millones de euros que no son suyos para evitar la ruina a pobres ancianos, o padres y madres de familia que han quedado a la intemperie económica, sin que esto quiera decir que las ejecuciones hipotecarias hayan sido tan masivas como la televisión antisistema, la sexta y la cuatro sobre todo (al servicio exclusivo de la destrucción de España), quieren hacernos creer, pero ´si es cierto que algo de lo graciosamente entregado a los bancos hubiera podido detraer y destinar a ayudar a  familias humildes, en lugar de ocuparse de pagar, con dinero de un par de generaciones de españoles, las deudas de nuestro ejemplar sistema financiero, el más solvente del mundo decía el inefable Zapatero, contraídas con bancos alemanes y franceses, de eso sí se ha ocupado, ha salvado bancos y cajas de ahorro a cambio de nuestra desgracia.

Pero que un individuo como Sánchez, un representante del partido más nefasto que ha gobernado este país se dedique al insulto personal en lugar de proponer cambios imprescindibles, no ya para que el sistema existente se corrija (es imposible a estas alturas), sino para que la propia nación sobreviva, es absolutamente intolerable.

Pensaba votar al PSOE   basándome en la idea de que el PP estaba en realidad haciendo la política que correspondería  a un PSOE más o menos sensato y reconociendo que el auge de partidos como PODEMOS, un partido que provoca pavor en los españoles medianamente  cuerdos, aún quedan algunos, se debe en última instancia al patadón a la izquierda que un insensato y acomplejado gobierno del PP  ha propinado a todo el sistema representativo español, ocupando el lugar y dejando sin sitio a un PSOE que para bien o para mal había gobernado con cierta lógica los años de González, pero después de ver la vergonzosa actuación de un líder insultón, más apropiado para acudir a Sálvame  o a otros programas similares que para encabezar un proyecto imprescindible de cambio y de futuro, no lo haré y probablemente acabe renunciando a votar en un país que entre nacionalistas, comunistas decimonónicos y chicos y chicas jóvenes, chillones, maleducados,  insuficientemente preparados, pero obsesivamente ambiciosos, acabará, es inevitable, mal.

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