LOS NUEVOS EJÉRCITOS DE LA REVOLUCIÓN

 

 

España, este país tan extraño, lleva desde el 20 de diciembre sin gobierno, algunos retrotraen esta situación al advenimiento de la era Rajoy y su peculiar forma de ejercer el poder, una suerte de parsimonia adormecedora y de presencia ectoplasmática a través de ondas de televisión y monitores de ordenador que acabaron sumiendo a la nación en un sopor tan deprimente que ha permitido el despertar de determinados grupos políticos cuya característica principal es el radicalismo absoluto y la tendencia a imitar los peores ejemplos que se dan en la  política mundial, léase Venezuela, Corea del Norte, Cuba, Irán y otros similares.

Rajoy, algún día hablaremos de ello, solo ha hecho unas cuantas cosas, entre ellas y por orden de maldad creciente, joder al trabajador por cuenta ajena y al autónomo, proteger al funcionario y al político, este último agarrado a las ubres del terrorífico sistema autonómico que nos aflige con la ansiedad de  un Alien con venas repletas de ácido disolvente  y rescatar el sistema bancario  a cuenta de la ruina de familias enteras, de padres, hijos, abuelos, nietos existentes y futuros conciudadanos que en vez de nacer con un pan debajo del brazo, lo harán con una hipoteca a treinta años, una amenaza de desahucio y un requerimiento de inspección por parte de la Hacienda que puede ser estatal o autonómica, según el territorio de nacimiento, o, rizando el rizo, ambas a la vez.

Lo curioso es que el tipo no se va. Su alma profunda de opositor a notarías y similares confunde un sistema de elecciones libres con un derecho a ser presidente de gobierno vitalicio. Pero dejando a este hombre singular y a su gobierno que no gobierna a un lado, el principal problema de estos últimos cuatro años es que han dado lugar al nacimiento de una serie de grupos políticos que en vez de presentar alternativas a la situación de caos y desastre en que nos encontramos, ofrecen subrepticiamente las mismas soluciones que han conducido a la ruina a naciones enteras y a imperios, no sé si felizmente desaparecidos. Es la nueva revolución comunista que nunca dirá que lo es (comunista), pero que de nuevo, ante el fracaso estrepitoso de la economía ultraliberal, también alumbrada en los USA, a la que algunos llaman neoliberal, pero que es en realidad una economía gaseosa, contable, de números abducidos, separados de la economía sólida de la producción, de la construcción de bienes palpables y necesarios, digo pues que como consecuencia del estallido de la economía financiera que no debe, pero a pesar de todo, se confunde con la economía de mercado, vuelve a ofrecerse como panacea, como solución, el sistema planificado, la gestión de ingentes recursos públicos en manos de cualquiera, ya lo demostró Zapatero (cualquiera puede ser ministro), y esos cualquiera, muchos sin conocimientos y otros con la mente perturbada por sus propias neurosis de poder, acabarán por destrozar lo poco que nos queda, lo poco que somos. Conviene pues identificar e intentar comprender en qué situación estamos, de dónde vienen y a dónde nos conducen estos vientos, huracanes, tornados que nos azotan y que suelen, siempre, dejar destrucción y paisaje yermo a su paso.

 

Lo leí hace tiempo,  me refiero a lo que podríamos denominar  nuevo programa revolucionario. La caída de la URSS dejó a los intelectuales marxistas occidentales sin referencia válida, el paraíso comunista ya no existía, la gran construcción de la praxis ideológica de Marx, Engels y otros intelectuales de la revolución, el resultado de la aplicación de las nuevas ideas  que alumbró el siglo XX, posteriormente plasmadas en un sistema de gobierno y de superación de  desigualdades milenarias, había sido derrotado.

La melancolía, la tristeza se extendió en el mundillo intelectual como un derrame de crudo tras un naufragio. ¿Cómo era posible?, ¿qué había ocurrido para que el imperio territorial e ideológico más extenso, más poderoso que la historia había conocido acabara derrumbándose de aquella manera tan trágica, tan devastadora para los creyentes en la religión atea que no querían esperar a la ultravida o a salvadores trascendentes para alcanzar la felicidad, y en aquel momento se veían obligados a presenciar como el paraíso construido por el ser humano en la tierra naufragaba de manera tan  estrepitosa?

Pero si algo caracteriza al marxista es su resistencia al desánimo, su imposibilidad biológica, congénita, ideológica para reconocer que su visión del mundo es errónea y por tanto asegura la catástrofe.

Resurgieron de sus cenizas afirmando que lo que había sido derribado no era el sistema marxista, sino la mala praxis, la mala aplicación de las ideas comunistas, exactamente lo mismo que había ocurrido con el leninismo, luego el estalinismo y posteriormente con lo que fuera que puso en marcha  Khrushchev y que dio paso a Leonid Ilich Brézhnev para que este acabara fosilizando un régimen, paralizando un sistema  y anulando a cientos de millones de personas sometidas a la felicidad inacabable, indudable, inatacable, indiscutible, perpetúa,  del paraíso soviético. La edad de hielo comunista duró hasta que todo se disolvió en Chernóbil y todo estalló en manos del voluntarioso Gorbachov.

La nueva estrategia revolucionaria se aseguró el éxito desde el principio. Ya no había referencia válida y por tanto no iba a ofrecer ningún futuro, ninguna promesa de redención o de felicidad universal a cuenta del fanático seguimiento de la biblia del sistema, en realidad se trata de algo más que un libro, la biblia comunista es una recopilación de sabiduría escrita a lo largo de más de cien años que, de cara a los nuevos tiempos era mejor dejar de lado hasta que de una vez por todas el comunismo de verdad, el que no podía ser prostituido por la ejecución y asegurado fracaso subsiguiente de sus postulados pudiera, ya sin rival, sin oposición, asentarse definitivamente en occidente y, contando con que China, ya casi la primera potencia económica del mundo,  era a efectos prácticos de gobierno un sistema comunista, en el resto del universo conocido.

Los intelectuales marxistas, sobre todo norteamericanos, idearon una estrategia que llevaría al triunfo final mediante tácticas que no se utilizarían para construir, sino para destruir totalmente el occidente cristiano.

Una vez demolida la sociedad occidental hasta sus cimientos, una vez arrasado el modo de vida, el sistema de creencias, las tradiciones, las instituciones más asentadas y resistentes de las naciones desarrolladas de occidente, ya no habría alternativa a la instauración definitiva del poder comunista.

La estrategia consistió en identificar una serie de grupos con intereses y características propias dentro de los más poderosos países de Europa y en los propios Estados Unidos, un caballo de Troya durmiente en el interior de las murallas enemigas al que había que despertar. Estos grupos se reconocieron y caracterizaron como irrespetados, sujetos de desprecio y preterición  tradicional por el sistema occidental clásico, o si se quiere por la última versión del sistema liberal de gobierno y organización que aparentemente y bajo la dirección de Reagan, Thatcher y Juan Pablo II había acabado por torcer el brazo comunista.

Así, las mujeres, los homosexuales, los afroamericanos, musulmanes, budistas, asiáticos, creyentes en religiones extrañas, incluyéndose aquí el satanismo, etc. podían convertirse y de hecho han acabado haciéndolo, en fuerzas de choque, en brigadas avanzadas para arremeter contra el sistema liberal.

El feminismo,  el homosexualismo y sus derivados transgénero, el multiculturalismo, son los banderines de enganche, los cuerpos de choque, no intelectuales, pero sí enviados por los nuevos eruditos de la revolución para poner de manifiesto y  luchar contra las contradicciones de la opulenta y adormecida sociedad tardorromana y finalmente, acabar derribando el mundo que hemos conocido hasta hace muy poco tiempo.

El principal objeto de ataque, es, ha sido la familia tradicional, la familia como organización nuclear creada y formada a lo largo de milenios que necesita, que se fundamenta en la complementariedad, en la diferencia de funciones. No hace muchos años veinte tal vez,  que todavía los psicólogos, pedagogos  y enormes cantidades de pedagogas y  psicólogas invadían los colegios y llamaban a los padres para alertarles de determinados comportamientos de sus vástagos cuya corrección requería el adecuado respeto a los “roles”, de los padres. El padre debía ser modelo de comportamiento proactivo y la madre receptora y encauzaadora de los problemas emocionales de los hijos. Todavía entonces se consideraba que la incorporación de la mujer al mundo del trabajo no debía ser obstáculo para que la familia siguiera funcionando como núcleo fundamental de la sociedad occidental.

Pero los nuevos tiempos, los nuevos paradigmas, las nuevas consignas de actuación cambiaron de inmediato como consecuencia del derrumbe soviético. Comenzaron a ponerse en marcha desafíos extraños, por impensables, para evaluar el grado de resistencia del occidente, cada vez menos cristiano.

Así, en España, tuvimos un día conocimiento de que el doctor Montes, discípulo aparentemente del doctor Kerkovian, aplicaba indiscriminadamente la eutanasia a cuanto anciano tenía la desgracia de necesitar atención hospitalaria pública en  algún determinado hospital de Madrid. El propio dirigente socialista Rafael Simancas apareció en tv cariacontecido reclamando investigación y depuración de responsabilidades. Otro escándalo semejante estalló en la Sanidad andaluza cuando se conoció la intención de sufragar gratuitamente operaciones de cambio de sexo que fueron denunciadas por el gobierno popular. Simancas y el gobierno popular fueron de inmediato desautorizados, ignorados, sobrepasados. Estos primeros desafíos sirvieron para evaluar la capacidad de resistencia del sistema. El  doctor Montes fue apartado de su trabajo, pero también exonerado de responsabilidad criminal. La sanidad andaluza y, casi seguro, la del resto de España sigue financiando con cargo a presupuesto público las operaciones de cambio de sexo.

El divorcio es ahora más fácil que el propio matrimonio, institución que se ha convertido en un auténtico campo de minas para los contrayentes y que en general, solo se concibe como un cese temporal de soltería hasta adquirir la condición de feliz divorciada o divorciado. Así se describe en una revista semanal a una escritora de la familia Rothschild, la mujer en cuestión es «feliz divorciada». Amén.

De entre estos grupos de élite, el feminismo radical, es sin duda, el más poderoso.

Hablaremos de ello en el próximo post.

 

 

 

 

 

 

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