EL CLUB BILDERBERG Y PODEMOS

Publica la Vanguardia un interesante artículo acerca del Club Bilderberg que puede leerse AQUÍ, y dentro del mismo citan al experto Daniel Estulin que dice: «PODEMOS es masonería pura», un conglomerado político artificial construido para dar salida a la indignación de más de ocho millones de parados en España a través del cual controlar un proceso que podría desembocar en una auténtica guerra civil, eso se desprende de lo que expresa Estulin en el contexto de una entrevista telefónica acerca del club Bilderberg.

El problema con Estulin es que parece conocer los entresijos del poder oculto que domina el mundo , pero a la hora de escribir o hablar sobre ello quien le escucha o le lee no acaba sino de contraer la enfermedad del sueño o de la confusión o de ambas a la vez.

Compré y leí en su momento el instituto Tavistok, y la postrera sensación después del penoso recorrido por el discurrir de todas sus páginas fue una suerte de cansino y deprimente reconocimiento de haber soportado un exceso de información, un bombardeo de potentes sugerencias acerca del modo en que el tal instituto a través de medios… o agentes, o movimientos musicales nos machaca el cerebro, pero sin llegar a comprender el fondo ni la forma en que lo hace, ni tampoco la finalidad que persigue. Debo volver a leer el libro, lo reconozco, Estulin parece saber algo que los demás no sabemos o no somos capaces de comprender, algo que va revelando a golpe de ensayo y que abarca desde el Tavistok hasta el Bildeberg.

Pero ahora y más allá de las opiniones de Estulin lo cierto es que los que nos asomamos cada vez más sorprendidos a este caótico comienzo de siglo intentamos encontrar alguna lógica que explique fenómenos como PODEMOS. Así, parece que este partido, en realidad un amasijo de ideas y de desencantos que recoge en su seno desde la indignación genuina de los destruidos por la crisis a las ideas más peregrinas de grupos y grupúsculos de todas clases, responde a ese nuevo ideal marxista surgido tras el derrumbe de la Unión Soviética. Hasta ese momento toda la intelectualidad marxista había estado al servicio de la estrategia del bloque comunista de Europa oriental del que predicaban la imposibilidad de que fuera derrotado, así como su supervivencia eterna. La caída del gigante obligó a replegar primero y a reorientar después las velas de la revolución en el occidente europeo y norteamericano, (la conclusión fue inmediata, lo más probable es que ya hubiera sido elaborada por algunos adelantados intelectuales comunistas y estaba en espera del momento oportuno) y partía de la constatación de que las masas obreras no existían, algunas huelgas estratégicas a cargo de controladores aéreos en USA y de mineros en Reino Unido  habían sido ya derrotadas por los dirigentes neocon Reagan y Thatcher por lo que confiar un nuevo asalto revolucionario a las masas proletarias tradicionales totalmente doblegadas por los poderes económicos y políticos de occidente, era impensable.

La nueva estrategia exigía la colaboración de grupos especialmente vulnerados y maltratados por la cultura mayoritariamente blanca de occidente, cultura racista y en general individualista hasta el egoísmo más primario, causa, esta última prontamente reconocida por los estrategas comunistas de su propia debilidad . Homosexuales, miembros de otras etnias, minusválidos, animales, naturaleza torturada y explotada, mujeres maltratadas, iban a conformar en forma de grupos organizados las nuevas legiones del marxismo revolucionario a través de lo que se ha dado en llamar reivindicación de los derechos de grupos irrespetados hasta ese momento. Surgen como movimientos organizados el lobby gay, el feminismo radical, el multiculturalismo, el animalismo y el ecologismo radicales, entre otros. La influencia de estos grupos no deja de crecer y sus reivindicaciones van siendo aceptadas con mayor o menor dificultad incluso por los países y los dirigentes más aparentemente conservadores.

El secreto de su poder está fundamentalmente en el dominio ideológico que ejercen en los medios de comunicación al margen de cual sea el poder económico que esté detrás de éstos, por ejemplo de Antena 3, de Mediaset, de la propia TVE, o de los mass media norteamericanos, lo cierto es que como había ocurrido en las firmas económicas industriales y productivas a partir del último cuarto de siglo XX, las decisiones ya no estaban en poder de la teórica propiedad, siempre muy diluida en millones de acciones anónimas al portador sino en los ejecutivos contratados mediante bonus y objetivos de incremento del valor de la acción a corto plazo.

Los medios son y responden a partir de esas premisas no a intereses de las teóricos accionistas mayoritarios sino a los de los gestores que en muchos casos son inteligentísimos y formadísimos hombres de tendencia homosexual. Si hasta entonces habían permanecido encerrados en el armario, ahora se les pide, se les exige su salida a la palestra y su ejemplo para que todos los reprimidos por el sistema puedan manifestarse y reivindicarse públicamente. Lo mismo ocurre con los movimientos feministas, antes un fenómeno que muchos consideraban gracioso y poco importante, van imponiendo una agenda de traspaso de poder efectivo tanto en el hogar familiar como en las empresas e instituciones políticas a través de leyes de paridad, de aborto (esta última como rebelión femenina a la propia naturaleza que condena a la hembra de la especie a la penosa gestación de nueve meses y a la posterior y eterna esclavitud que supone la crianza de los hijos de la que el macho atareado en cazas y guerras , siempre ha sabido escapar) y de la más importante de todas, la de violencia de género que deja al varón inerme ante cualquier denuncia fundamentada o no de su pareja.

El multiculturalismo funciona de la misma manera, los anteriormente reprimidos, despreciados por el color de su piel, su procedencia o su religión van a ser ahora objeto de especial protección, las ONGs, la propia Iglesia Católica con todo lo que se diga, los gobiernos, el ejército, todos traumatizados por esta oleada de tremenda culpa psicológica que las fotografías de niños y cadáveres varados en playas o flotando en el mar generan periódicamente, van a colaborar en atraer, en acoger con generosidad  a estos miles e incluso millones de desplazados como consecuencia de extrañas guerras, en los países europeos para proceder posteriormente no solo a su integración sino a la sumisión de los receptores a los valores religiosos y morales que los nuevos ciudadanos traen consigo.

El ecologismo radical y dentro de éste el animalismo que predica la elevación de la condición animal a través del derecho legal a la propia categoría humana y que no para en esta reivindicación, sino que va más allá en sentido descendente, es decir, no se trata ya de que el animal, sobre todo el simio sea considerado como similar al ser humano, sino que el ser humano sea considerado como un simio más entre otros parecidos con la terrible peculiaridad de su hiperabundancia y su costumbre reconocida de destruir el medio ambiente en que vive. El ser humano pasa, pues, de ser el centro del universo a considerarse un virus destructor que debe ser controlado.

Las brigadas de choque de la nueva revolución son fundamentalmente las que se han descrito, admiten por supuesto innumerables variantes, transexualismo, vientres de alquiler, eutanasia, nueva religión sincrética, recuperación del tribalismo como sistema de gestión y crianza de nuevas generaciones y cualquier otra idea que pueda exigir el reconocimiento de algún grupo o tendencia que hasta esos momentos haya podido ser reprimido.

Ahora bien, desde el punto de vista marxista que en el fondo no es sino una idea que pretende construir un mundo de justicia perfecta en el que nadie destaque sobre los demás y en el que todos sus miembros sean absolutamente iguales, todas estas nuevas ideologías plantean un sinnúmero de evidentes contradicciones dentro de un sistema que se pretende igualitario.

Efectivamente, esto es así desde el momento en que se están reivindicando una serie de desigualdades al revés, de discriminaciones positivas que favorecen a determinados grupos convirtiéndoles de hecho en élites de influencia poderosa, por muy justificadas que estas desigualdades fomentadas puedan parecer.

El propio partido PODEMOS aglutina en su seno tendencias separatistas de los nacionalistas catalanes y vascos que se sustentan, no nos engañemos, en profundos sentimientos de superioridad racial y cultural, movimientos antipropiedad, proaborto, animalistas y ecológicos, de llamada y subvención a la inmigración masiva desde África, de respeto a la religión islámica y de repudio a la tradicional religión cristiana de occidente, de defensa del orgullo gay y del feminismo radical. Entonces, ¿cómo podemos considerar que semejante mezcolanza de ideas favorecedoras de desigualdades, muy justificadas, pero desigualdades y antimarxistas por principio, puedan en definitiva ser marxistas?

Pues porque la nueva estrategia de revolución requiere previamente la destrucción absoluta de lo anteriormente existente. Se achaca el fracaso del marxismo clásico al hecho de haber permitido sobrevivir en los países occidentales determinadas estructuras, fundamentalmente la familia y la religión que en su momento hicieron imposible el triunfo revolucionario. La amalgama de ideologías aparentemente contradictorias que coexisten en partidos como PODEMOS, pensemos solamente en el feminismo radical o el derecho de los gays a su condición sexual conviviendo con el multiculturalismo en el cual se incluyen creencias y culturas que van desde la ablación del clítoris al matrimonio poligámico, lo que configura  un puzzle de resolución imposible que solo adquiere un sentido lógico si se considera como primer y necesario paso dentro de una estrategia a medio plazo para la destrucción de las estructuras que todavía subsisten en los países de occidente y proceder después, sobre los escombros de todo lo que ha sido derribado, a una reconstrucción, creación de una nueva sociedad en base a las ideas marxistas de siempre.

Ahora bien, si esta estrategia parece acertada, siempre desde el punto de vista marxista, la pregunta es, ¿si durante el proceso de duración incierta se otorga demasiado poder a una determinada cultura o ésta acaba adquiriéndolo, por ejemplo la cultura islámica, no parece poco probable que sobre  cimientos de llamadas a la oración del almuédano desde los minaretes, lanzamientos al vacío de gays y lapidación  de esposas infieles, pueda construirse la nueva y utópica sociedad marxista?

Los grupos feministas y gays que secundan con tanto entusiasmo estos procesos deberían pararse a pensar si están haciendo lo correcto, no ya para los intereses de la sociedad a la que pertenecen ellos mismos, sino para los intereses exclusivamente propios de mujeres y homosexuales.

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