ORLANDO

 

CONDENACIÓN

Han matado a cincuenta personas en Orlando, además hay un número indeterminado de heridos que puede ascender a otros cincuenta de los cuales algunos, bastantes, se verán afectados gravemente de por vida, personas destruidas para siempre de las que apenas se habla. Lo importante son los números absolutos y entre éstos, los muertos, los que ya no están, los que abandonan definitivamente este planeta loco que gira como una peonza en el espacio.

Primero llegaron noticias del atentado y como era previsible los interesados velaban armas en espera del veredicto, ¿quiénes eran las víctimas y quiénes los autores?, dependiendo del resultado de la investigación policial, las condenas, los comentarios, las estrategias tenían que ser diferentes.

¿Autor?, un musulmán radical, un lobo solitario que actuaba por cuenta de eso que llaman el ISIS, ¿víctimas?, homosexuales de origen latino en su mayor parte, ¿motivos?, poco claros desde el primer momento, parece un ataque planificado contra un grupo gay cuyo comportamiento sexual es rechazado por el islamismo radical, al mismo tiempo se trata de una matanza indiscriminada con intención terrorista, es decir, de aterrorizar a la población en general que irá poco a poco introduciendo en su mente el miedo a moverse, a hablar, a ofender, a pensar incluso en un último estadio del proceso de condicionamiento mental que se busca con estas acciones . Esos suelen ser los objetivos terroristas y eso es lo que suelen conseguir finalmente.

Las reacciones que se han producido, sobre todo por parte de la izquierda han sido significativas y muy en relación con los argumentos que explicaba en el “post” anterior. Desde la estrategia revolucionaria que exige la previa destrucción de lo existente para la reconstrucción de un mundo nuevo e igualitario, el atentado se inscribe en una de esas contradicciones aparentes e inevitables del ideario que se maneja como hoja de ruta.

Así un dirigente comunista achaca como causa última del ataque al “heteropatriarcado” que es un concepto general que implica la culpa genérica de un sistema en el que el padre, la madre y los hijos que forman la familia clásica serían un núcleo generador de conflictos en contraposición de otras formas de estructuración familiar que podrían ser el “homopatriarcado”, el “lesbomatriarcado” o incluso el “matriarcado” simple y probablemente, desde el punto de vista del revolucionario comprometido, lo mejor sería la desaparición de la familia como institución que al final solo da lugar a hijos perturbados por padres intolerantes. En todo caso, el que ha emitido esta opinión elude, bien sea por estrategia, bien sea por miedo, bien por ambos motivos, la condena directa al islamismo radical.

Otro dirigente revolucionario dice algo así como “no pararemos hasta conseguir la igualdad”, indicando que ellos seguirán su camino sin alterarse, ni variar sus estrategias por este tipo de acciones que aparentemente son contraproducentes para sus intereses.

Porque de lo que se trata es de la destrucción previa, de la demolición de las estructuras sociales occidentales y en esa lucha tienen especial importancia colectivos diversos, desde el movimiento gay hasta los radicales islamistas instalados en occidente.

Ahora bien, una cosa es pertenecer al colectivo gay, muy respetable, y otra es que los gays no quieran, no se resistan, o simplemente no les importe que los que toman decisiones al frente de dicho grupo y lo organizan a su conveniencia, en realidad lo que buscan es un resultado político, es decir, el movimiento gay puede estar en manos de dirigentes que por encima de su condición sexual son revolucionarios comprometidos en esa estrategia de derribo a la que se deben y a la que entregan todos sus esfuerzos, entre éstos, los de dirección de todo un movimiento hacia un objetivo final que en última instancia puede y será de hecho, contraproducente para sus miembros individuales.

Los gays serán perseguidos sea cual sea el resultado de la alocada carrera que ha emprendido la izquierda radical. Si definitivamente consiguen lo que pretenden, es decir, la construcción de una sociedad igualitaria sobre las ruinas de lo existente, los gays, después de todo un colectivo diferenciado, no tendrán más remedio que disolverse, acomodarse a los nuevos parámetros de organización social que las élites dirigentes determinen, siendo estos parámetros de reconstrucción, los que sean.

Si, por el contrario, el aliado de circunstancias que ahora creen ellos, me refiero a los dirigentes del movimiento, que les conviene por el extremismo de sus acciones, el islamismo radical, acaba por hacerse con el poder absoluto, cosa que es muy probable a medio plazo, el destino de los gays está escrito en los periódicos que hablan de ahorcamientos, lanzamientos al vacío y ataques indiscriminados a lugares de ocio frecuentados por ellos.

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