BREXIT

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Dicen que Cameron está asustado: AQUÍ

El premier Cameron cometió el error de prometer en campaña electoral un referéndum para que los británicos decidieran si querían seguir en la UE, lo hizo porque le interesaban los votos de los euroescépticos, pero a diferencia de los políticos españoles los británicos suelen cumplir sus promesas electorales.

Los periódicos españoles todos ellos vendidos a propietarios extranjeros vaticinan una catástrofe de dimensiones apocalípticas. (¡El IBEX caerá (¿aún más?), el euro deberá ajustarse tras la salida de UK, se generará un enorme agujero fiscal en el UK y en el resto de países y todo será un caos de imposible gestión!).

La realidad es que nadie sabe qué consecuencias tendrá el abandono británico del selecto club que se ha creado en la vieja Europa, hasta es probable que no pase nada lo cual sería el peor escenario posible para los miembros del Parlamento Europeo y los miles de funcionarios de la UE.

La UE comenzó siendo un acuerdo de intercambio comercial limitado a ciertos productos entre seis países de Europa, Alemania Federal (antes de la caída del muro), Francia, Italia y lo que se conocía por aquí como el Benelux, Bélgica, Luxemburgo y Países Bajos. Con el correr del tiempo otros países fueron entrando en lo que podría considerarse una asociación meramente comercial hasta desembocar en el actual grupo de 27 estados que forman la llamada Unión Europea.

La estructura actual es ingobernable. Nada une a suecos, griegos, lituanos y españoles más allá de su existencia en un territorio físico que delimita más o menos con claridad un contorno europeo por contraposición al comienzo del imperio euroasiático ruso. Es más, desde la caída del imperio romano lo único que ha conseguido emerger en toda Europa han sido unos cuantos estados naciones que acabaron enfrentándose entre ellos en tres sangrientas guerras paneuropeas, la guerra napoleónica y las dos guerras mundiales.

La UE es ahora mismo un entramado de funcionarios que necesita legiones de traductores para entenderse y elaborar los prolijos documentos, directivas, convenios y reglamentos con los que luego avasallan a los estados miembros. Nadie ha elegido al presidente de la comisión europea, algo así como el gobierno de la UE, ni a los comisarios, es decir nadie los ha elegido democráticamente, han sido puestos ahí por designación gubernamental de los estados a que pertenecen atendiendo a criterios de ponderación cuantitativa y cualitativa en función del peso económico y político de los países concretos. A los parlamentarios, por el contrario se les elige en votación nacional otorgándose a cada nación un número también ponderado de representantes en el parlamento, cuyas funciones son meramente deliberativas y de proposición de iniciativas sin poder legislativo alguno, lo que crea un grupo ingente de privilegiados viajeros de fin de semana en clase preferente  a cuenta del presupuesto comunitario.

La unión no puede funcionar desde el momento en que no existe una lengua común, una cultura común, una ciudadanía compartida. Así un español, un griego, un portugués en Alemania, en Francia, en Suecia, deben soportar miradas inquisitivas de honda tradición racista. No digamos en el Reino Unido.

No se entiende entonces tanto alboroto, nadie sabe lo que puede pasar, es la primera vez que un país miembro puede, (no creo que lo haga) abandonar la unión, los profetas del desastre no saben de lo que hablan. La pertenencia a la UE para algunos países, sobre todo los más débiles, España entre ellos, no ha significado a medio plazo, sino un desastre absoluto. Véase aquí cuál es la situación actual de nuestro país:

AQUÍ

Estamos aún peor de lo que dice el artículo, el sistema laboral que todavía subsistía en aquellos momentos era mucho más favorable para los trabajadores que el actual.

Hubo, eso sí,  un momento de histeria colectiva con la entrada en la moneda única parecido al que aconteció en Argentina cuando dolarizó la economía. Una moneda fuerte cuyo valor no dependía de la capacidad productiva del país, sino de las decisiones de una institución ajena dio lugar al espejismo de una riqueza súbita, de la definitiva ubicación de España en el lugar que ocupan los países ricos.

Es el mismo efecto que se produce cuando a un tornero de segunda le dan por las buenas la tarjeta de socio de un elitista club de golf, todo el mundo externo al club concluye que algo tendrá el nuevo miembro y le llueven ofertas de préstamos que el incauto suscribe para poder comprar todo lo que un golfista que se precie necesita, desde clases de iniciación, hasta ropa adecuada, juego de palos, caddie y otros accesorios que le coloquen al nivel que corresponde, por ejemplo coche Mercedes aparente, utilitario para los hijos, chalet en zona residencial para poder invitar a los nuevos amigos y sus estilizadas mujeres, es decir todo lo que requiere un nuevo modo de vida sofisticado y elegante.

Y todo va bien hasta que se descubre que las propiedades del tornero que nadie sabe cómo ha conseguido la acreditación para entrar en el club se reducen en realidad a un huerto de patatas sin cultivar desde hace años y una casa vieja rehabilitada que antes fue corral de gallinas ponedoras.

Vuelta al torno, pero ahora en peores condiciones, los tornos son de control numérico, ya no hay empresas que necesiten torneros, el chalet embargado y la vieja casa y el huerto en proceso de expropiación por el ayuntamiento progresista correspondiente.

Al tornero en cuestión ¿qué coño le importa que los britis abandonen la UE?

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