BURKINI

En el actual estado de confusión en el hemisferio occidental respecto a la presencia islámica en los países que lo conforman, ha irrumpido, o al menos los medios oficiales (en mi opinión la prensa libre ya  no existe en occidente, o se le relega a la casi clandestinidad) de los distintos gobiernos han dado noticia de la presencia en las playas y piscinas de mujeres musulmanas que se bañan vestidas con una prenda que se ha dado en llamar «burkini».

Las autoridades municipales francesas han intentado prohibir el uso de este singular traje de baño, pero han tropezado con una serie de inconvenientes o más bien se han visto envueltas en la polémica corriente acerca del derecho personal a vestir como les plazca o a pasear literalmente desnudas que asiste a las mujeres, así como al respeto debido a las creencias religiosas, siempre que no se trate del cristianismo y mucho menos del catolicismo, de los musulmanes.

La alcaldesa de Barcelona a la que han preguntado sobre esta cuestión ha respondido que se trata de un derecho de la mujer y que por tanto debe respetarse.

Para que nadie se engañe lo mejor será que las cosas se aclaren desde su más profundo significado. En primer lugar, occidente está siendo objeto de una invasión islámica mediante el desplazamiento de miles e incluso millones de ciudadanos de esta creencia desde sus países de origen. Llegan en condición de refugiados huyendo de guerras que no tienen fin, guerras en las que están involucrados los propios países occidentales, y estos desplazamientos masivos están siendo promovidos, además de por las circunstancias bélicas, por una serie de intereses políticos y económicos fáciles de identificar y que provienen de instancias supranacionales ONU, UE singularmente, y también por organizaciones subvencionadas, ONGs, que aprovechan el denominado «buenismo», es decir el complejo de culpa que se ha instalado en las mentes de los ciudadanos corrientes, así como en la configuración actual, auténticamente suicida, de nuestra sociedad que aborrece la familia, destruye en un holocausto sin precedentes a sus «no nacidos» y sobrevive a duras penas en un sistema de relaciones sociales de competencia salvaje por el triunfo y la apariencia social que hace que más que vecinos lo que todos en occidente tienen a su lado, sean enemigos a superar y destruir, no físicamente, pero sí psicológicamente. La tasa de suicidios es espeluznante y puede muy bien responder a estas relaciones de competencia feroz por puestos de trabajo y posiciones de relevancia social.

La sed, el deseo de triunfo personal es tan salvaje que en estas luchas que acontecen en el interior de las mentes de los ciudadanos de occidente solo pueda darse un resultado, o ellos o yo. Es, desde luego, y bien que lo saben los promotores de la destrucción de nuestra cultura, un sistema de vida suicida que enfrenta hombres con mujeres, padres con hijos, pueblos supuestamente diferenciados con otros de al lado con los que han convivido cientos de años, sistema que solo sobrevive en la mentira de lo que se denomina el pensamiento positivo, todos somos felices, todo nos va bien, los atentados terroristas deben olvidarse cuanto antes y sus víctimas deben ser apartadas de la vida social para que con sus neuras de perdedores no contaminen nuestra felicidad conseguida con gran esfuerzo a través de los más variados cursos y seminarios de autoayuda y relajación personal.
¿Por qué la señora alcaldesa de Barcelona defiende el derecho a usar el «burkini»? ¿por qué nuestras aguerridas feministas no dicen nada al respecto? No puede entenderse si no se tiene en cuenta la historia reciente y sobre todo si no se reflexiona acerca de lo obvio, y lo obvio es que la ideología llamada progresista domina el noventa por ciento de nuestros sistemas de educación, publicación y pensamiento político. Lo progresista consiste en avanzar, en plantearnos retos que nos permitan ver y construir un futuro a nuestra conveniencia, se trata de eliminar obstáculos para que el ciudadano del futuro pueda conseguir aquello que se proponga. Hay que eliminar trabas al cambio de sexo, a las relaciones sexuales, hay que construir nuevas formas de familia, nuevas maneras de relación entre sexos, entre personas, ayudados en todo momento por los avances científicos y médicos.

Pero todo es mentira, en realidad cuando hablamos de progresismo estamos hablando de marxismo, de comunismo y de venganza. Un conocido líder de Podemos afirma que él no es comunista sino socialista libertario, un eufemismo que busca arrinconar la palabra comunismo por sus relaciones con el fracaso de la Unión Soviética, pero que en el fondo es lo mismo. Se trata de lo de siempre, destrucción de la propiedad privada, ocupación de todo el espacio territorial y personal por lo público y en última instancia instauración de la dictadura de los que saben sobre los que necesitan ser liberados aunque ellos no sean conscientes de su necesidad, ni quieran ser liberados de nada.

El comunismo fracasó estrepitosamente con la destrucción de la Unión Soviética, los motivos que condujeron al derrumbe del imperio soviético no están muy claros, algunos hablan de una apuesta a todo o nada que llevó a cabo el entonces presidente USA, Reagan,y otros del oscuro juego de espionaje en el que se entretenían ambos bloques y que acabó cuando los USA consiguieron la lista de todos los espías soviéticos. Lo que en la película «Misión imposible» de Brian de Palma sería la lista Noch de espías de occidente solo que al reveś, serían los USA los que se hicieron con la lista Noch soviética. Sea como fuere el bloque comunista europeo se derrumbó y los intelectuales marxistas de occidente, estupefactos en un primer momento, se vieron obligados a cambiar de estrategia. La revolución obrera era imposible por lo que reivindicaron los derechos de los que denominaron grupos preteridos o irrespetados de los estados de occidente para lanzarlos como nuevas divisiones de choque contra el sistema de vida occidental para de una vez por todas hacerse definitivamente con el poder.

Mujeres, negros afroamericanos, gais, transexuales, budistas, hechiceros, adoradores de Satanás, hijos menores de edad, todos aquellos grupos que tenían o podían sentirse de alguna forma maltratados por el sistema de vida de occidente fueron conducidos a la lucha en una nueva estrategia que esta vez no podía fallar. Había que destruir el sistema de occidente, no ya únicamente los entramados  de producción y distribución de bienes y servicios en que se basaba, sino también todas las instituciones fundamentales sobre las que se asentaba la cultura occidental.

En primer lugar la familia, en segundo lugar la religión, el cristianismo en general y sobre todo la Iglesia Católica. El objetivo era y es absolutamente claro, arrasar los estados occidentales minando sus cimientos más sólidos. Luego, sobre las ruinas, los progresistas, es decir los comunistas de siempre podrían, podrán finalmente instaurar el nuevo mundo sin clases sociales en el que todo será de todos y la felicidad del hombre en la tierra estará asegurada.

Primero pues, destruir, demoler, triturar y luego ya se verá. Y es aquí donde se pueden entender las declaraciones de nuestras representantes de la nueva progresía. Hay que defender el derecho a vestir el burkini porque en la estrategia de previa demolición de occidente, el ejército islámico es la apuesta más segura. En un par de generaciones sin matrimonios sólidos, con familias en permanente guerra de divorcios y reparto judicial de patrimonios,  con abortos sistemáticos que impidan la regeneración de los ciudadanos de occidente los musulmanes serán mayoría y en eso está y eso quiere la llamada progresía.

Por supuesto es un suicidio y sobre las ruinas de occidente solo puede construirse una nueva sociedad islámica, es tan evidente que parece sorprendente ese apoyo de nuestros dirigentes políticos marxistas al proceso de islamización, pero una vez más tiene su propia explicación.

La desintegración de la URSS supuso la destrucción del futuro que nuestros ideólogos comunistas tenían pensado para todo el occidente cristiano. Ahora buscan venganza, si bien camuflada en una futura y supuesta estrategia de reconstrucción social peregrina y sin mayor sentido que las alucinantes ideas de arrasamiento total y nueva reedificación comunista, peo que en el fondo saben que no es posible y entonces, dado que la URSS, el extraordinario imperio comunista ha caído, lo importante es destruir el imperio occidental, sin más,  en venganza por la derrota sufrida. Desde estos parámetros podemos entender los extraños comportamientos de las organizaciones feministas que callan cuando se producen violaciones de mujeres alemanas a manos de musulmanes recibidos como refugiados y también la defensa del bukini, del burka, el velo islámico y de todo lo que suponga sumisión y acatamiento al nuevo orden de cosas que busca nuestra desaparición como sociedad y como personas de este planta.

Adelante pues, el aborto sistémico, la eutanasia que ya se aplica sibilinamente en nuestra sanidad pública sobre los enfermos sin esperanza de curación y pronto sobre los enfermos si más. Adelante las amenazas cada vez más salvajes sobre los viejos de occidente y las llamadas de atención sobre la insostenibilidad de las pensiones, adelante las agresiones sistemáticas contra el sentimiento religioso cristiano y católico, adelante la defensa a ultranza de cualquier animal y en un futuro cercano de las plantas y adelante el deseo de muerte contra cualquier persona que pertenezca al género masculino y sea occidental, eso de momento, luego ya irán a por las mujeres.

Todo está claro, solo hay que estar al tanto de por dónde van y a dónde se dirigen las cosas. El burkini no es una simple prenda de vestir, lo mismo que el velo islámico o el burka. Las mujeres islámicas no se ven obligadas a llevarlo, lo llevan porque les da la gana, es un uniforme de batalla, de guerra que tiene la ventaja de ser portado voluntariamente por mujeres que por su condición reconocida en occidente pueden, según nuestra alcaldesa de referencia, vestirse como quieran, están en su derecho, pero la sociedad española debe saber de qué se trata, debe preguntarse cuál sería la respuesta del feminismo militante si de pronto nuestras mujeres vistieran el uniforme falangista, camisa azul y boina roja, o el nazi, de negro riguroso con gorra adornada con calavera y huesos, o si por una casualidad decidieran acudir a misa del domingo con mantilla.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s