ULTRALIBERALISMO Y GENEROSIDAD

https://www.amazon.es/VIAJEROS-TREN-NOCTURNO-Antonio-%C3%81vila-ebook/dp/B01E1P2JMQ/ref=sr_1_1?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1473960791&sr=1-1&keywords=viajeros+del+tren+nocturnoSin entrar en especulaciones de fondo político y filosófico, no deja de sorprender que en  diarios digitales de tendencia liberal insistan una y otra vez en determinadas opiniones acerca de otras ideologías que ellos, los liberales convencidos, en su estricta observancia de la libertad y derecho del individuo frente a cualquier otra instancia distinta y mucho menos superior deslegitiman con argumentos de lo más imaginativo. Argumentos que acaban por reducirse al absurdo de suponer que a pesar de existir evidentes diferencias entre (el marxismo y el fascismo, para simplificar la cuestión a sus componentes fundamentales)  que además y como de pasada mencionan, en realidad  no dejan de ser en el fondo, lo mismo.

Puede leerse en este artículo: AQUÍ

Así, el ultraizquierdismo de Podemos no sería sino una variante de una misma ideología y se comportaría como la cara contraria del falangismo, nazismo, fascismo, etc., y juntas completarían la composición de una única moneda de falso valor y pernicioso contenido para todo aquel que adquiriera semejante mercancía averiada.

Resumiendo el artículo en cuestión, puede leerse que en el fondo todas estas cosmovisiones provienen de un sustrato común, el socialismo, que en última instancia responde a una inspiración marxista. Esta es una teoría muy corriente manejada con gran habilidad por los llamados liberales, ultraliberales, neocon y que en el fondo lo que hace es deslegitimar cualquier opción  que no sea la suya propia. Pero como digo, para curarse en salud, el comentarista menciona de pasada algunas diferencias entre Podemos y el falangismo y para ilustrar ambas tendencias reúne en una composición fotográfica al líder de Podemos Iglesias y a una, de momento no muy conocida lideresa de un partido o asociación emergente “Hogar Social”, que responde al nombre de Melisa Domínguez, probablemente la próxima Marine Le Pen española.

Las diferencias serían las que se expresan en el mencionado artículo de esta manera.

«Muchos de los que así actúan, sin embargo, desconocen por completo el origen y la naturaleza de tales términos, ignoran que el fascismo, el nazismo, el falangismo y el comunismo son primos hermanos, ya que, si bien presentan diferencias, comparten un tronco común: el socialismo. Unos y otros divergen en el carácter nacionalista o internacionalista de sus particulares proyectos, pero coinciden en lo esencial, que no es otra cosa que el control total de la vida y hacienda del individuo por parte del Estado para la consecución de un fin colectivo superior –el suyo–.»

La única diferencia estaría pues en el carácter nacionalista o internacionalista de sus respectivos proyectos, en lo demás es lo mismo y ese «mismo», consiste en que lo que pretenden es el control total de la vida y hacienda del individuo por parte del Estado en busca de un fin colectivo superior, o sea, el suyo (¿de quién?). Bien, nada que objetar, al parecer el comunismo de Podemos busca disolver la nación española en un magma multicolor de razas amablemente invitadas y financiadas por las instituciones vigentes y la señora falangista intenta preservar el territorio nacional para disfrute exclusivo de los habitantes de siempre. Esa sería la diferencia principal.

Frente a tanto egoísmo a un lado y al otro del espectro ideológico solo puede oponerse la singular bonhomía y generosidad  de los ultraliberales que en su momento (gobierno socialista de González) promovieron, como digo desinteresadamente, la denominada reconversión industrial, entiéndase, demolición industrial de España y traslado del capital acumulado en forma de maquinaria y tecnología diversa a países del, en aquel momento, tercer mundo que presentaban la curiosa ventaja de proporcionar mano de obra abundante y a precio de primera revolución industrial inglesa.

En eso consistió su generosidad. Y los posteriores sobrevenidos superbeneficios, curiosamente no se repartieron a escote con los trabajadores enviados al paro (a tanto no llega su natural altruismo) sino que  como corresponde al intelectual economista del ultra libre mercado se aplicaron complicadas fórmulas contables y matemáticas que resumieron la distribución de la siguiente manera, fifty fifty, a medias entre los propietarios anteriores de las empresas y los  gestores de la nueva economía gaseosa y contable.  Los restos, las sobras del banquete se aventaron por todo el territorio nacional para provecho de los pobres desgraciados expulsados del tan alabado mercado liberal con severa admonición incluida: «hagan ustedes algo, vean como nosotros con nuestro emprendimiento hemos llegado al lugar que ocupamos».

Y entonces se abrieron kioskos de revistas, puestos de helados, peluquerías, franquicias con más peligro que soportar un asalto en la propia vivienda y demás negocios que sustituyeron las cuarenta horas semanales, los salarios garantizados en nómina, las cotizaciones que daban derecho a…, por jornadas interminables, beneficios escasos, cotizaciones por el mínimo exigido y eso por obligación legal y finalmente requerimientos de Hacienda que están llevando a la mayor parte del país al sillón del psiquiatra, eso los que no se han ido directamente a la ruina y de rebote al Hogar Social.

 

 

 

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