La hoguera de Donald Trump

https://www.amazon.es/VIAJEROS-TREN-NOCTURNO-Antonio-%C3%81vila-ebook/dp/B01E1P2JMQ/ref=sr_1_1?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1473960791&sr=1-1&keywords=viajeros+del+tren+nocturnoAnda el mundo periodístico y televisivo revuelto a causa de la sorprendente victoria de Donald Trump en las elecciones norteamericanas.

 Analistas prestigiosos se devanan los sesos intentando explicar qué es lo que ha fallado en las previsiones que vaticinaban un triunfo holgado de la señora Clinton.

 Quizá la respuesta pueda encontrarse en un escritor no muy bien considerado en los ambientes intelectuales progresistas, pero extraordinariamente perspicaz y capaz de explicar convincentemente los profundos cambios que se han producido en los últimos años en la sociedad norteamericana. Se trata de Tom Wolfe y su serie de novelas más conocidas que se inicia con «La Hoguera de las vanidades», continúa con «Todo un hombre» y «Yo soy Charlotte Simmos», para finalizar, de momento con «Bloody Miami».

 En La Hoguera de las vanidades, se entrecruzan varias historias que tienen como protagonistas a un exitoso intermediario financiero, un periodista alcohólico, un predicador afroamericano y un momento de la historia norteamericana en que el antiguo sistema de valores que representa el padre de Sherman Mccoy, el broker, terminan derrumbándose ante el impulso creciente de la mentira, la ambición desmedida, el oportunismo político y la utilización inmisericorde de los problemas raciales para escalar posiciones de privilegio y poder.

Sherman es un brillante triunfador de la nueva era de los negocios financieros. Compra y venta de acciones por cuenta de otros que confían sus ahorros y ambiciones a estos individuos que se ocupan de inversiones que una vez efectuadas les reportan beneficios en forma de porcentajes sobre las ventas y compras conseguidas. Compra venta de humo en realidad, utilización de los restos de  riqueza de la nación en ese momento en proceso de disolución en forma de activos y acciones cuyas transacciones están totalmente alejadas de cualquier soporte sólido más allá de las estimaciones de un mercado voluble y manipulable. Shermann tiene una amante, Sherman se ve envuelto en un incidente que cuesta un internamiento hospitalario a un afroamericano, y este es el acontecimiento que  desencadena una serie de reacciones que buscan por encima de todo la satisfacción de ambiciones personales y políticas al precio que sea.

 El fiscal decide encontrar al culpable que para entonces ya se supone es un blanco acaudalado. El fiscal quiere ascender en su carrera judicial y como paso previo necesita al gran culpable blanco que le asegure el voto negro. El cuarto poder, la prensa,  rescata al periodista alcohólico y sin escrúpulos. No se trata de contar la noticia tal como ha ocurrido sino de vender periódicos, de ganar influencia, se necesita escándalo, se requiere culpable destacado, blanco rico y afortunado en este caso para enviarlo al matadero. Se precisa también  elevar la condición del negro herido, uno más de tantos jóvenes de su raza que caminan cerca del abismo de la delincuencia al que hay que revestir de las condiciones necesarias para convertirlo en estudiante ejemplar, amante hijo preocupado por su pobre madre,  modélica criatura cruelmente herida por el malvado hombre blanco.

 Aparece también el mundo de la tele realidad, realidad pasada por el turmix del porcentaje de audiencia, y ahí está el ambicioso predicador negro que espera impulsar la construcción de viviendas para personas de su comunidad con las que espera ganar dinero a espuestas.  Aprovecha pues la situación para crear tumultos y antes de organizar cada uno de ellos llama a las emisoras de televisión para representar lo que no es sino espectáculo y manipulación.

 Confluencia pues del mundo del dinero, de la ambición política, del periodismo entregado al escándalo, a la mentira, a la retorcida  maniobra que le permita rebanar esa cuota de poder e influencia con los beneficios económicos consiguientes, al precio de lo que sea.

 Y finalmente, la derrota. El padre de Sherman, el representante de los valores de decencia, firmeza y solidez en los principios morales que siempre ha defendido la verdad, el rechazo visceral a la mentira,  la honestidad, el cumplimiento a ultranza de los códigos de comportamiento que subyacen en la sociedad norteamericana, fundamento último de la grandeza del país, se ve obligado ante la terrible situación a que las circunstancias han llevado a Sherman, a aconsejar a su hijo: «Miente Sherman, miente».

 Y es la mentira de Sherman, pequeña después de todo, minúscula en comparación con la monumental tela de araña de intereses, campañas de propaganda, hipocresía acumulada alrededor del chivo expiatorio del momento para llevarle a una situación sin salida, pero mentira al fin, la que simboliza el derrumbe absoluto del sistema de valores vigente, entrega incondicional de la propia conciencia al nuevo orden que exige ante todo sumisión, aceptación del nuevo listado de valores, de la falsedad, del engaño como método de venta, de la apropiación de lo que es ajeno, al precio que sea, como sea y que se revela como condición indispensable para la supervivencia en el nuevo mundo que se construye alrededor de la economía financiera, del corrupto poder político y de la venenosa contribución de la prensa al advenimiento del mesías de los nuevos tiempos. Mesías  que no necesita importarse el espacio exterior ni de ignotos mundos espirituales, mesías que habita en todos nosotros.

Nuestro oscuro monstruo interior hasta ese momento contenido entre los muros sólidos de la conciencia, en algunos de la fe, en todos de la educación recibida y que a partir de un cierto momento encuentra salida para manifestarse en toda su tremenda fuerza y maldad. La Hoguera de las vanidades de Tom Wolfe, es el primero de los demoledores relatos que describen el hundimiento de un mundo y el surgimiento de eso que se ha dado en llamar Nuevo Orden que algunos atribuyen a siniestras conspiraciones de unos pocos, pero que más parece que simplemente consiste en dar vía libre a  Mister Hyde, nuestro peculiar compañero de vida,  reverso tenebroso de nosotros mismos.

 «Miente Sherman, miente».

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s