VUELVE NUESTRO ADMIRADO HÉROE OSCURO. VADER

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Ha podido verse ya. Una más de la serie. La serie es la de la Guerra de las Galaxias. Primero, sobre los años 80 se estrenó la que debía ser en orden cronológico la cuarta película. Probablemente nunca ha existido ningún orden, ni ninguna historia por entregas en la mente de su productor y director y aunque ahora andan vendiendo la mercancía de que todos los episodios de este lío galáctico fueron previamente concebidos por su creador, lo más probable es que en vista del éxito obtenido se hicieran la segunda, la tercera, la cuarta y así hasta la enésima precuela o secuela, por si cuela.

La película original supuso un cambio en la manera de hacer cine, un giro de ciento ochenta grados que comenzó a dejar de lado a los actores y a sustituirlos por cachivaches y efectos especiales sorprendentes. Uno de los protagonistas más importantes de la serie es, ni más ni menos, un robot o un ser humano robotizado, un transhumano, alguien que ha ido perdiendo brazos, piernas, medio cráneo, atacado además por un asma recurrente a causa de un pulmón consumido por el fuego, de forma que para sobrevivir necesita revestirse de un exoesqueleto negro como la noche que le confiere un aire de guerrero medieval japonés, o más modernamente, de oscurísimo  general de las SS, o incluso, dado el sometimiento del personaje al Papa del lado maligno, no deja de tener el aspecto de un  prepósito general jesuita.

Vader es el empleado del mes del malvado emperador, ambos caídos en el lado oscuro de la “Fuerza”. La Guerra galáctica no sólo creó una manera de hacer cine y a continuación dinero  vendiendo reproducciones de trajes y espadas laser, sino también una nueva religión de fundamento panteísta, algo así como un dios lejano, desconocido del que todo y todos formamos parte, un dios “Fuerza” que contiene el bien y el mal a la vez y al que unos “Jedi” y otros “Sith” rinden culto con igual dedicación y capacidad de lucha, sin que quede muy claro que los “Sith” maten más que los “Jedi”, aunque en uno de los episodios el malvado Vader, (¡qué mal actor  le dio vida de joven!), sucumbiendo definitivamente a la parte oscura, asesina fríamente a un número considerable de niños aprendices. Por lo demás, unos a un lado y otros al otro manejan las espadas laser con la habilidad y la capacidad de destrucción de una brigada de asesinos en serie.

Hay pues, en la fábula cinematográfica, una confrontación religiosa a cuenta de una “Fuerza” ambivalente y también una confrontación  política. El lado luminoso de la “Fuerza” es “la República” y el lado oscuro “el Imperio”. Millones de mentes infantiles y juveniles han crecido bajo la influencia hipnótica de estas películas y de sus planteamientos religiosos y políticos. Es difícil saber cuáles hayan podido ser los efectos sobre el pensamiento y el comportamiento de los espectadores que han abarrotado salas de cine y visto mil veces las entregas galácticas en formatos de video caseros, probablemente estos efectos hayan sido más profundos y decisivos de lo que muchos suponen, pero ya no hay remedio.

Y sobre esta nueva entrega cuya exacta ubicación, precuela de las precuelas, o secuela de las intermedias que al final eran las finales, no conozco;  todo parece indicar que ha conseguido nuevas marcas de asistencia y recaudación y un maremágnum de críticas que abarcan el espectro medio superior de los calificativos que se suelen dedicar a los estrenos cinematográficos, es decir, desde entretenida hasta genial.

Dejo aquí la opinión de un crítico bastante comedido que ha situado la película en ese lugar que nos garantiza al menos pasar un buen rato, lo que no es poca cosa al precio de las entradas y los complementos de consumo necesarios. Además, uno puede ir al cine y olvidarse de la oscurísima situación política que se ha apoderado de nuestro reino, o república, o imperio, lo que sea esta nación de naciones, esta comunidad de comunidades, esta destrozada y agotada  piel de toro puesta a secar al sol implacable de esta pertinaz sequía. Olvidarse de todo esto por un par de horas bien merece unos euros.

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PROFANACIÓN

Editorial Amarante

PROFANACIÓN: UNA PELÍCULA COMPLICADA.

La novela negra escandinava está de moda. Stieg Larsson, desgraciadamente ya fallecido, fue el primer autor que irrumpió en las listas de más vendidos compitiendo con los grandes escritores norteamericanos con su saga Millennium . Si algo destaca en las tres novelas que componen la serie que se han publicado de este brillantísimo autor es su confesado feminismo. Bueno, sobre esta aparente militancia hay opiniones, lo que sí está claro es que Larsson alumbra un personaje, un protagonista original con fuerza literaria comparable a la de Hércules Poirot  o Sherlock Holmes, Lisbert Salander. Pero dejo el análisis de estas novelas para más adelante.

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SED DE MAL

Editorial Amarante

 

 

 

SED DE MAL

Curiosa película dentro de la historia del cine. Destaca el primer plano secuencia, interminable, seguido con fidelidad por la cámara,  o más bien, siguiendo la cámara  los desplazamientos previamente programados de los personajes a través de los lugares por los que transitan. Aquí el cineasta controla  el espacio, el destino, la vida de sus protagonistas que se mueven a su dictado.

Comienza con la inquietante cadencia del insidioso transcurrir del minutero  marcando cada segundo por el mecanismo de un reloj acoplado a una bomba. Sobre el rítmico tic tac que marca el resto  del tiempo y de la vida para quienes, sin saberlo, transportan su propia muerte, se construye la banda sonora a cuyo compás circulan coches,  carros,  intervienen policías controlando los cruces y camina, adelantándose a veces al posterior coche  fúnebre, quedándose a su altura en otros momentos, la singular pareja compuesta por el policía mejicano Miguel Vargas y su monumental rubia y esposa norteamericana, Susan.

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PELÍCULAS PARA RECORDAR

Editorial Amarante

 

 

 

PELÍCULAS PARA RECORDAR.

 

Antes de listar algunas de las películas que más me han gustado, haré un breve comentario acerca del cine que, cada vez más, será por la edad, me resulta absolutamente indigerible.

¿Cuándo se jodió el cine? Sobre esta cuestión, cada uno tiene sus propias ideas, pero creo que hay un momento, una película, o tal vez dos o tres que abandonan el camino correcto y se internan en el actual berenjenal de superhéroes, cachivaches electrónicos, monigotes, personajes de comic, y sobre todo y por encima de todo, efectos especiales.

Dos causantes. Steven Spielberg y George Lucas. Recordemos, don Steven inaugura la era de los cinemuñecos con una buena historia, Tiburón. El protagonista es, no un actor o una actriz, sino un trasto mecánico que ya en la primera película y en algunas escenas, canta por alguna que otra costura plástica. La película no es mala, todo hay que decirlo, está muy conseguido el clima de miedo subterráneo que se extiende por Amity y desde entonces uno no ha conseguido bañarse con tranquilidad en ninguna playa, pero después de Tiburón, vino Tiburón dos y tres y cuatro, y fue bajando el nivel, hasta acabar en auténticas películas de serie B, con monstruos de todo tipo que, al parecer siguen siendo rentables.

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CAZA HUMANA

Editorial Amarante

 

 

CAZA HUMANA

Es fascinante el poder de sugestión que tiene el cine, la televisión, la creación cinematográfica. En su momento fui un adicto al cine, por aquel entonces, ni siquiera existía la televisión. Las primeras tvs que se vieron en el pueblo las compraron un bar que situaba una serie de sillas frente al nuevo artefacto en un innovador programa de atracción y sujeción de parroquianos y el más rico del barrio que tenía una tienda y abría su casa a toda la chiquillería al tiempo que la cotización social de sus hijos, nuestros amigos, se elevaba como la espuma. El invento significaba que las sorprendentes historias, hasta ese momento confinadas a los fines de semana en el cine del pueblo, se hacían cotidianas, todos los días comenzaban a estructurarse conforme a la programación televisiva. Las noches de los  lunes «Los Invasores», las del el martes «El Santo». Por las tardes al bar Manolo a ver las del oeste «Bonanza», «Caravana». Etc.

Sobre el vicio cinematográfico que entonces se entendía como un avance cultural, comentaban en la familia el caso de un vecino, al que llamaremos Fermín, que se convirtió en un fanático cinéfilo. No había película, sobre todo del oeste, que se perdiera en el cine del pueblo. Ver las historias que todas las semanas se  proyectaban en la pantalla era para él tan sagrado como la asistencia, en aquel tiempo obligatoria, sin necesidad de vigilancia policial, a misa. Hasta qué…… (acordémonos de la historia de los Reyes Magos y la terrible caída del caballo que supone enterarse que los Reyes son los padres) por lo visto, alguien le comentó que cuando los vaqueros recibían un flechazo  o los del séptimo de caballería acudían en auxilio de los granjeros asediados por los malvados indios y acababan con unos cientos de ellos a tiros de pistola, en realidad nada de aquello era cierto, sino un montaje. Los heridos y muertos por los flechazos  o por los balazos, una vez acabada la toma se levantaban tranquilamente y se iban, indios y vaqueros en alegre camaradería, a la cantina a tomar una cerveza.

A Fermín escuchar semejantes aberraciones apalancado en la barra del Manolo mientras trasegaba un vaso de vino detrás de otro y fumaba un Celtas sin filtro le resultó, al principio, increíble y se negó a aceptar la cruel realidad. Sin embargo los argumentos de sus amigos estaban cargados de sentido común.

—Vamos a ver, Fermín —, le decían— cómo van a matar a toda la gente que parece que muere en cada película que realizan, ¿no te das cuenta de que eso sería un crimen terrible?, en realidad son actores, son gente que se sujeta con algún pegamento una flecha en el cuerpo y es entonces cuando se filma. Parece que es verdad, pero no lo es, es lo que ahora se llama el séptimo arte.

Finalmente, el pobre Fermín, acabó reconociendo que sus amigos tenían razón. Se  sintió estafado y engañado por todas las películas que había visto y desde ese momento dejó de asistir al cine  e incluso, que se sepa, jamás adquirió una televisión, cosa que se hizo obligatoria de allí a un par de años. Todo el mundo sonreía cuando contaba la historia de  Fermín, pero él insistía en que si todo lo que se veía en la pantalla era mentira, y quienes asistían a semejante espectáculo pagando además una entrada, lo sabían, entonces. ¿Quién era el tonto del pueblo?

Y hablando de estúpidos, bueno, uno sigue con su adicción al cine, qué le vamos a hacer, y ahora esa dependencia se ha trasladado a ese invento aún más destructivo que es la televisión. Se proyectaba ayer, en alguna de las cadenas, una película titulada «Caza humana». Su mayor atractivo residía en los actores protagonistas, por un lado Robert de Niro y por otro John Travolta. Por cierto,  es curiosa la necesidad enfermiza de las estrellas de cine de figurar destacadamente en los títulos. En la presentación, el nombre de Travolta aparecía un palmo más abajo que el de de Niro, pero más a la izquierda, con lo que supongo yo, que los productores compensaban las neurastenias  de uno y de otro.

La historia era bastante increíble. Un ex combatiente serbio, Travolta, se traslada a los Estados Unidos para, dentro de unos parámetros de juego limpio necesarios para llenar hora y media de duración peliculera estándar, vengar la muerte de su hermano, al que parece, (no estoy muy seguro, porque cuando anuncian siete minutos de anuncios, me engancho al zapping y para cuando recuerdo la película que estaba viendo ya han pasado varias escenas), mató en la guerra de Bosnia el personaje que interpreta de Niro. Robert de Niro, cojitranco, en permanente estado de enfado con el mundo, perseguido por los fantasmas de la guerra, vive aislado en la montaña y en una cabaña de madera. Allí llega el serbio y comienza la caza, de Niro escapa, Travolta le persigue con un arco, le dispara, le atraviesa la pierna con una flecha y le somete a una serie de torturas que entran en el género gore. Por algún mecanismo que no llegué a ver, (deambulaba como he dicho una y otra vez con el zapping), de Niro le da la vuelta a la tortilla y entonces él  tortura a Travolta, pero éste consigue escapar y otra vuelta de tuerca, ahora tortura Travolta y sufre de Niro, al final, también se me escapa el giro que pone a de Niro al mando, el americano apunta con su rifle winchester de las películas de vaqueros a ´Travolta, pero decide no matarle. Se producen en esa escena diálogos más o menos filosóficos a cuenta de la terrible guerra de Bosnia y la inutilidad de torturarse uno al otro. Explicación convincente de «por qué maté a tu hermano» y el serbio a Serbia y el abuelo solitario a ver a su  nieto. Fin

Análisis.

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